Fuera de ruta entre caníbales o esquimales

Los factores culturales facilitan no sólo conocer los rasgos distintivos que hacen diferentes a grupos humanos y asentamientos poblacionales dentro de un mismo espacio geográfico y social, sino además, comprender, a través de ellos, cómo se ha producido el desarrollo histórico. En este artículo haremos un repaso a varias comunidades muy diferentes entres ellas. Conocer culturas lejanas y exóticas es posible gracias a estos tours insólitos que te llevan hasta los confines del mundo...


Estas etnias, comunidades y tribus son únicas y ven del mundo de otra manera.

Los Amish: una vuelta al pasado

Los amish son un auténtico pueblo atrapado a conciencia en el tiempo. También conocidos como menonitas, sociedad asentada en sus modestas y cómodas tradiciones de los siglos XVII y XVIII, que practican lo que se conoce como abstención tecnológica. Algo tan básico como la electricidad tiene vetada la entrada en la comunidad.

La comunidad amish se rige por su propia ordenanza, el Ordnung; el hombre deja crecer su barba y la mujer viste de manera sencilla, sin joyas ni abalorios; rechazan la tecnología, pero van al cine; a cierta edad adulta son bautizados y pasan por un período de reflexión, el Rumspringa, por el que los amish pueden salir al mundo y decidir si quieren seguir en la comunidad; viven en granjas y regentan pequeñas empresas.

Los amish son una sociedad patriarcal y las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres. Antes de ocuparse de ellas mismas, ellas deben tener como prioridad a la Iglesia, la comunidad y la familia. Siendo solteras obedecen a su padre y al casarse deben ser sumisas a su esposo. 

El origen de los amish se remonta a la Suiza de 1693. En ese momento, liderados por Jakob Ammann, un anabaptista (cristiano re-bautizado), se separaron del resto y formaron colonias en diferentes partes del mundo. Actualmente, las mayores colonias amish están en Estados Unidos, Canadá, México y ciertas zonas de América central y Sudamérica. Los amish no son una orden única, sino que cada comunidad es diferente, tiene sus propias reglas y leyes. Por ejemplo, algunas son mas ortodoxas, mientras que otras han dejado entrar algunos avances del mundo moderno. Existen ocho subdivisiones generales, que se dieron en 1860, luego de que la gran orden se separara. Aunque no se llevan bien, no hay conflictos: son pacifistas.


Korowai: los caníbales de Papúa

Una línea pacífica e imaginaria dibujada sobre la salvaje selva separa las tribus indígenas de la sociedad más avanzada de la isla occidental de Papúa, conocida como Irian Jaya. Anclados en la Edad de Hierro encontramos a los Korowai, con unos pies y unas manos tan ásperas que podrían trepar el árbol más alto del mundo.

El primer contacto con antropólogos ocurrió el 17 de marzo de 1974 y asombraron al mundo occidental al ser descubiertos. Y aunque el canibalismo fue lo que los llevó a las primeras páginas de los periódicos de los países civilizados, un rasgo poco común y sorprendente fueron también sus casas. Esta tribu, a pesar de su aislamiento es una fantástica factoría de arquitectos. Los Korowai son expertos constructores y diseñadores de casas construidas sobre los árboles.

En la cuenca del río Brazza, en las vastas selvas de las estribaciones de la cordillera Jayawijaya, en Nueva Guinea, los mosquitos y la antigua rivalidad entre pueblos forzó a esta tribu a construir sus casas en las copas de los árboles. Algunas de ellas tan altas que están colocadas a unos 40 metros de altura. Estas casas son sostenidas por largas varas fuertes o vigas y su alta ubicación protege a los moradores de las inundaciones, de los mosquitos, del humo de las hogueras de cocina que sale fácilmente y de los ataques de animales depredadores o de enemigos que quieran capturarlos o matarlos. La visión de la propia casa se relaciona con la cosmología. Los vecinos se ayudan recíprocamente y participan todos en la construcción de la casa de cada familia. Lords of the Garden, documental del Instituto Smithsoniano de 1993, muestra las técnicas de construcción y formas de habitación de la vivienda.


El fotógrafo y escritor Eduardo Lostal relata la experiencia que vivió con los Korowais. En mitad de un terreno anegado, calificado por el fotógrafo como «ciénaga» y dominado por sanguijuelas y otros animales exóticos, se levantan sobre árboles los khaim, las cabañas de los caníbales del Pacífico. Esta tribu habla su propio idioma, fuma en exceso y cree en los demonios, en laeolíns. Lostal relata que lo peor que te puede pasar es que un miembro moribundo o enfermo te señale con el dedo, porque eso quiere decir que llevas al demonio dentro y en consecuencia te conviertes en desayuno para la tribu. Según cuenta, hasta aquí solo puede llegarse en avioneta, la otra opción es vadear la selva a machete, lo que podrá llevarte más de un mes.

Inuits: viaje a los confines del Ártico

Aunque resulte muy difícil entender cómo es posible que seres humanos habiten en las regiones árticas del planeta, lo cierto es que en todo el norte terrestre, desde Alaska y Norteamérica hasta la Siberia —pasando por Groenlandia—, viven pueblos que tradicionalmente han sido llamado esquimales y a los que recientemente se les denomina inuit, término con el cual se nombran a sí mismos.

Son cazadores a punta de escopeta; pescan en las gélidas aguas del Ártico; fabrican artesanía con diente de narval; se trasladan en trineos tirados por perros, en Jeeps, e incluso sobrevuelan el fiordo en helicóptero. Son grandes conocedores de las tierras que pisan. Viven en cabañas que pintan de colores según la función que cumplan; fabrican ropa con piel de oso o de foca; comen carne cruda: comerse el corazón de la foca para ellos significa fortaleza; son hospitalarios; y cuentan con su propio idioma, el inuit, hablado por el 70% de los groelandeses.


En una población que ha habitado una de las zonas más agrestes del planeta es natural que se desarrollasen creencias religiosas que asuman la naturaleza como una fuerza malévola. Por tanto, todo ritual está destinado a aplacar la furia de los espíritus naturales, encarnados en animales o en eventos climáticos como la ventisca. Ello conduce a la observancia de conductas y tabús, así como a la realización de ceremonias que veneren a esas divinidades. Los cazadores suelen abrir el cráneo de los animales para liberar a su espíritu. Canciones y leyendas se crean a partir de dichas creencias, que son transmitidas por los chamanes, personajes sanadores con poderes especiales dentro de la comunidad.

Bosquimanos: los primeros pobladores

Los Bosquimanos, también conocidos como «san», representan el pueblo vivo más antiguo de la Tierra. «Hombres de los bosques» que habitan en el sur de África desde hace miles de años. Son los últimos de los primeros pobladores de esta parte más austral de África. También se les atribuye el mérito de haber inventado el lenguaje humano, un lenguaje primario a base de chasquidos con la lengua.

En el centro de Botsuana se encuentra la Reserva de Caza del Kalahari Central, que fue creada para proteger tanto el territorio tradicional de 5.000 bosquimanos gana, gwi y tsila. A comienzos de la década de los años ochenta, se descubrieron diamantes en la reserva. Poco después, ministros del Gobierno se trasladaron al lugar para decir a los bosquimanos que tendrían que abandonar sus hogares a causa del hallazgo de diamantes.

En 1997, 2002 y 2005 se realizaron tres grandes desalojos en los que se expulsó a casi todos los bosquimanos, por medio de amenazas y llevándoselos en camiones. Asimismo, durante estos desalojos, sus hogares fueron desmantelados, se cerraron la escuela y el centro de salud y se destruyó su suministro de agua.

La situación de esta etnia en la actualidad es complicada, han tenido conflictos con el gobierno de Botsuana por la intención de desterrarles de sus tierras ancestrales -La Reserva de Caza del Kalahari Central-. El Tribunal Superior les devolvió la razón y sus tierras, alegando que el desalojo era ilegal y anticonstitucional. A pesar de que los bosquimanos ganaron en los tribunales el derecho a regresar a sus tierras en 2006, el Gobierno ha hecho todo lo posible para impedir su regreso. Ha llegado incluso a sellar su único pozo de agua; sin él los bosquimanos atravesaron muchas dificultades para encontrar agua suficiente para sobrevivir en sus tierras.


Los bosquimanos emprendieron otra batalla legal contra el Gobierno en un intento de recuperar el acceso a su pozo. Aunque su demanda fue inicialmente desestimada, en enero de 2011 el Tribunal de Apelaciones de Botsuana sentenció que los bosquimanos pueden usar su antiguo pozo de agua y también excavar otros nuevos en la reserva. Los jueces describieron la situación de los bosquimanos como “una desgarradora historia de sufrimiento humano y desesperación”.

Aquellos que no han regresado a la reserva viven ahora en campos de reasentamiento fuera de la reserva. Rara vez pueden cazar y, cuando intentan hacerlo, son detenidos o golpeados. De este modo, dependen casi totalmente en las limosnas que les da el Gobierno. En este momento son víctimas del alcoholismo, la depresión y enfermedades como la tuberculosis y el SIDA.

Maorís: tradición al grito del 'haka'

A lo largo de las dos islas que componen el fascinante y polifacético territorio neozelandés encontramos itinerantes muestras de la cultura Maorí. De la mano de los maoríes se produjo el primer asentamiento humano en Nueva Zelanda, son los primeros y auténticos pobladores de esta isla del Pacífico.

Esta cultura, su idioma y tradiciones, son fundamentales para la identidad de Nueva Zelanda. El haka, antigua danza de guerra maorí, es uno de los espectáculos más impactantes y es por ello que los All Blacks de Nueva Zelanda hacen una demostración de este baile antes de un enfrentamiento de rugby. Los maorís, un pueblo cuya hospitalidad es más que una seña de buena educación, es una responsabilidad que se toman muy en serio.


En Rotoura, ciudad a orillas de un lago con mismo nombre, en Isla Norte, se encuentra el pueblo Maorí de Whakarewarewa, este indescifrable nombre es llamado por los locales «Whaka». Desde la web del poblado de Whakarewarewa se pueden adquirir las entradas para una visita guiada. Una guía de origen maorí te llevará a descubrir cada lugar del pueblo, su historia, música, arte, lenguaje, comida y hasta sus hogares.

Caboclos: la Amazonia en barco

El gran Amazonas riega los territorios de Perú, Colombia y Brasil. La masa selvática tropical de la Amazonia afecta a nueve países de la parte central y septentrional de Sudamérica. Imagina la biodiversidad que se haya en esta vasta región de seis millones de kilómetros cuadrados, que acoge a 250 mil nativos organizados en 215 etnias, y las que todavía no se conocen.


En el trayecto, varias aldeas se prestan serviciales ante las visitas, mostrándoles sus bailes y cantos rituales, como es el caso de los indios Dessana, asentados en la amazonia brasileña, una comunidad alegre y tranquila que pinta sus rostros y cuerpos y adorna sus cuellos con collares y sus cabezas con penachos de plumas. En el camino también hay otras comunidades, como la de los Caboclos que viven en la aldea de Terra Preta y es muy interesante por ser la comunidad más numerosa de la región del Amazonas. Otras aldeas que están de paso en esta aventura es la de los indios Kambeba y la población de Novo Airao.

La etnografía como método de investigación de la antropología, facilita la comprensión de las realidades socioculturales de comunidades humanas con identidad propia.