Muerte y legado de Cristóbal Colón

Cristóbal Colón tuvo el síndrome de Reiter, una clase de artritis, y no gota como se creyó en su día, dijo el médico y profesor de la Universidad de Granada Antonio Rodríguez Cuartero, quien cree que el almirante murió por un posible fallo cardíaco y siendo un desconocido para sus coetáneos...




Cinco siglos después de su muerte, la figura de Colón esconde varios misterios, por lo que Rodríguez Cuartero ha estudiado y analizado todas las pruebas sobre sus enfermedades para esclarecer al menos este aspecto de la vida del descubridor de América. Este médico basa su tesis en las primeras referencias que se tienen de las enfermedades de Colón, que datan de 1476, cuando el almirante tenía 25 años y comenzó a sufrir un dolor articular y hemorragias oculares, que los médicos de entonces atribuyeron a ataques gotosos, originados por depósitos de ácido úrico en las articulaciones. 

Este es un tipo de artritis que afecta principalmente a los varones jóvenes de entre 20 y 40 años y que se produce como reacción a una infección desarrollada en alguna parte del cuerpo. La mayoría de las infecciones que producen la enfermedad se originan en el aparato genitourinario y se contagian por transmisión sexual, aunque Rodríguez Cuartero aseguró que en el caso de Colón se trató de una infección gastrointestinal. “Los hijos describen que Colón estuvo tullido durante muchos meses y, además, tenía hemorragias oculares. No dicen nada de la uretritis que es el tercer síntoma, pero era muy frecuente entre los españoles por aquella época, por lo que es casi seguro que padeciera dicha enfermedad” , indicó el médico granadino. Añade que Colón no pudo padecer “enfermedades de viejo ni respiratorias, pues no fumó nunca” , por lo cual la causa de su muerte “pudo ser un posible fallo cardíaco, provocado por un decaimiento orgánico”.

El navegante y explorador Cristóbal Colón murió en Valladolid, España, el 20 de mayo de 1506, a los 55 años de edad, a consecuencia posible de un ataque cardíaco.  Le sorprendió la muerte en la ciudad castellana cuando trataba de entrevistarse con el rey Fernando el Católico para discutir los resultados de sus últimas exploraciones y negociar sobre sus privilegios reflejados en las capitulaciones de Santa Fe.


Hernando Colón, alma de los pleitos colombinos 


Por mucho que digan que Colón murió arruinado y en la más absoluta pobreza no es cierto, Colón murió rico, aunque esa riqueza no era derivada del oro o las especias encontrados en sus viajes, más bien se basaba en los derechos y privilegios acumulados en sus años de exploración y conquista. Pero debido a la polémica que originó durante sus mandatos, la corona española le recortó muchos de estos privilegios para evitar que se crease en las Indias un poder incluso mayor que de la Península. Este recorte e intervención real provocaron los llamados Pleitos Colombinos que inició Cristóbal y continuaron sus hijos y nietos

El origen de este proceso se deriva de los acuerdos suscritos entre la Corona de Castilla y el navegante: las Capitulaciones de Santa Fe anteriores al descubrimiento y se prolongan hasta 1541, con el desistimiento de María Álvarez de Toledo, perteneciente a la Casa de Alba y viuda de Diego Colón

Cierto es que su prestigio se había oscurecido, pero distaba mucho de morir solo y arruinado. De su cuarto y último viaje volverá enfermo y renqueante en lo físico y muy ofendido en su orgullo. A Colón le preocupaba la herencia que dejaba, pues sabía que sin el virreinato su frágil título nobiliario se desvanecería en las manos de su primogénito don Diego. En su testamento, Colón dejará un nuevo misterio para los cazadores de enigmas. Tras nombrar heredero universal a su hijo Diego y pedirle que cuide el mayorazgo deja una enigmática firma, que impone además a sus sucesores, en forma de pentágono estrellado con tres eses en la punta superior y las laterales, secundadas por puntos. Para los exégetas esta firma apuntaba a la cábala y confirmaba los orígenes judíos del navegante, que quizás regresaba a su fe original a las puertas de la muerte, de forma secreta para no perjudicar a sus herederos. Fue enterrado con honores de almirante, cargo que nunca perdería.

Obtener los mayores privilegios como recompensa al Descubrimiento fue hazaña que correspondió a Cristóbal Colón; mantenerlos después contra todo y todos, intentar que no fuesen mermados ni se extinguiesen fue obra de sus sucesores, y a esto se dedicaron con tenacidad y constancia, desde el primero hasta el último.  Cuando Cristóbal Colón era un don nadie y su empresa descubridora parecía la más arriesgada aventura que se pudiera imaginar, fue capaz de esperar siete años hasta que los Reyes, por fin, le dieron lo que pedía. Cuando, tras el paréntesis de la gloria, llegaron los problemas y la Corona dejó en suspenso tales privilegios, sus hijos y herederos, haciendo honor a su sangre, entablaron un pleito contra la misma Corona que duró cincuenta años; treinta, la parte principal y veinte años más los últimos detalles o derivaciones. 

Hernando Colón, con plenos poderes de su hermano Diego, actuará al frente de esta empresa. Y nadie discute su participación activa presentando escritos de réplica contra la postura del fiscal. Tenía 22 años cuando empezaron los famosos y larguísimos Pleitos y ahí estaba él, empapándose de argumentos legales para reclamar todo en favor de su apellido y para no ceder nunca un ápice desde esta postura inicial. Sus argumentos fueron siempre los mismos: los privilegios colombinos eran un contrato entre los Reyes y Colón. Un contrato obliga a ambas partes; si Colón cumplió la suya: el descubrimiento de nuevas tierras al otro lado del Océano, pues la Corona de Castilla estaba obligada igualmente a respetar lo capitulado con él.

Catedral de Sevilla

Los restos de Colón


Su muerte fue el inicio del último de sus viajes entre España y Las Indias. Primero sus restos fueron enterrados en esta ciudad castellana y luego en el monasterio de La Cartuja en Sevilla en Andalucía, España, por la voluntad de su hijo Diego, que heredó los cargos de su padre y fue virrey, segundo almirante y gobernador de La Isla Española. Luego, en 1542, sus restos fueron trasladados a Santo Domingo, en la parte oriental de dicha isla en el Caribe. En 1795, al entrar los franceses en Santo Domingo sus restos fueron trasladados a La Habana en Cuba. Tras la caída de Cuba en manos norteamericanas al ser invadirla en la guerra Hispano-Americana de 1898, sus restos fueron trasladados a la Catedral de Sevilla, donde se colocaron en un elaborado catafalco. Sin embargo, en 1877 fue descubierta bajo el altar de la catedral de Santo Domingo en República Dominicana una caja de plomo con una inscripción que decía “Don Cristóbal Colón” y contenía fragmentos de hueso y una bala.

Con el fin de comprobar si las reliquias trasladadas a La Habana eran falsas y los restos de Colón quedaron enterrados en la catedral de Santo Domingo, se tomaron muestras de ADN en junio de 2003. Los resultados no fueron concluyentes. Las observaciones iniciales sugirieron que los huesos no parecen pertenecer a alguien con el físico o la edad asociados a Colón. La extracción de ADN resultó difícil y sólo unos pocos fragmentos limitados de ADN mitocondrial pudieron ser aislados. Sin embargo, estos fragmentos parecen coincidir con el ADN del hermano de Colón, lo que apoya la idea de que los dos tenían la misma madre y que el cuerpo que yace en Santo Domingo, por tanto, podría ser de Colón. Las autoridades de Santo Domingo no han permitido que los restos se exhumen, por lo que se desconoce si alguno de esos restos podrían pertenecer al cuerpo de Colón. Dichos restos se encuentran en un urna en un precioso mausoleo de mármol blanco. La ubicación de los restos en la República Dominicana es en un el “Faro de Colón” de Santo Domingo, un monumento conmemorativo del Quinto Aniversario del Descubrimiento de América construido en 1992.

Faro a Colón en Santo Domingo