Canarias, más de 600 años junto a España

Las Canarias son conocidas por muchos como las islas afortunadas o de los bienaventurados. Este nombre tiene como origen un mito griego. Cuenta la leyenda sobre unas islas donde todo crecía por actuación de la propia naturaleza. Un lugar donde los hombres no tenían que trabajar, solo recoger los frutos de la tierra. De entre la bruma de las primeras noches del tiempo y habitada por la nebulosa de lo ignorado, realidad, mito y leyenda se entremezclan y confunden en los orígenes del pueblo canario...




Las Islas Canarias son un archipiélago del océano Atlántico, situado al oeste del Sáhara Occidental. Las islas son conocidas de la antigüedad, época en la que estaban habitadas por los Aborígenes canarios. A partir del siglo XVI, los europeos se vuelven a interesar en el archipiélago, cuya conquista comenzó en 1402 con la expedición de los normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle. Una segunda etapa de la conquista fue iniciada por la Corona de Castilla en 1477. Después de la conquista española, el mestizaje humano y cultural dio lugar a la sociedad canaria moderna. Los comienzos del siglo XVIII se caracterizan por una serie de ataques de piratas, que no llegaron a invadir ninguna isla.


Orígenes


Las Islas Canarias estaban habitadas antes de la conquista europea por distintas poblaciones que popularmente se han venido conociendo como guanches, aunque en realidad, cada isla tiene una denominación: Canarios (habitantes de Gran Canaria), Majos (Lanzarote y Fuerteventura), Benahorita (La Palma), Bimbaches (El Hierro) y Guanches (Tenerife). 

Desde el punto de vista genético, más de un 50% de los linajes maternos aborígenes tenían claras e indiscutibles raíces bereberes. Mas esta hipótesis no lo explica todo hasta simplificar de manera inteligible en qué momento de la noche de los tiempos aparece este enigmático pueblo. Hoy se sabe que los haplogrupos que trazan la ascendencia matrilineal hasta los orígenes de la especie humana en lo que hoy es el África etíope, dejan muchos cabos por atar en lo referente al origen concreto de los primeros pobladores, lo que sigue presentando ciertas dudas sobre la procedencia de los más antiguos habitantes de estas islas.

Posiblemente, las islas fueron descubiertas por primera vez por el explorador cartaginés Hannón el navegante en su 'Periplus', el primer viaje de circunvalación africano, en el año 570 a. C. El historiador egipcio Manetón, de manera algo críptica, y más tarde el griego Heródoto de manera más explícita, mencionaron los contactos mantenidos por la flota fenicia que circunnavegó el continente africano auspiciada y financiada por el faraón Necao II, y en tiempos posteriores a los fenicios en sus atrevidas singladuras como tempranos visitantes de aquella remotas y enigmáticas islas, fuente de leyendas y de enigmáticos descubrimientos.

El primer testimonio sobre las Islas Canarias corresponde al geógrafo hispanorromano Pomponio Mela que las ubica con exactitud en el Océano Atlántico. Desde entonces, los romanos barajan la posibilidad de la conquista pero no llega a producirse, al menos no se tiene constancia de ello pero sí de que conocían perfectamente donde se encontraban como cuando el general Sertorio le comenta a Plutarco que le gustaría retirarse a las Canarias. Se sabe también de las islas por los viajes de los árabes que mantenían imperios en el Magreb, primero el de los almorávides y después el de los almohades quienes conquistarían la Península Ibérica.

El primer registro documentado, no se sabe a ciencia cierta si pisano o genovés, fue el de Lanceloto Malocello, mercenario a tiempo parcial que allá por el 1312 se estableció en Lanzarote. No obstante es de rigor destacar que Plinio el Viejo, en algunos pasajes de sus textos menciona una vez más la existencia de crónicas sueltas  de relaciones entre 'humanos' en ese espacio de coordenadas lo que supone que en tiempos pretéritos había contactos entre marinos de manera fluida.



El control del archipiélago


A medida que se retiraban los reinos árabes y se expandían las rutas comerciales europeas, las Islas Canarias comenzaban a tener cierto valor estratégico, de hecho en la segunda mitad del siglo XIV los mallorquines establecieron una importante comunidad en el archipiélago llevando la religión cristiana e instalando un obispado. Para los indígenas guanches, los pobladores originales de las islas, venerar a la Virgen María no fue una imposición ya que anteriormente ellos hacían lo propio con diosas de la tierra que la Iglesia asimiló a la Virgen para que su adoración fuese admitida. Pero los mallorquines eran comerciantes, serían los castellanos y los portugueses los que se disputarían las islas pues se habían convertido en una escala de gran importancia y mercado de abastecimiento en las rutas de esclavos que eran capturados, generalmente por los árabes, en el África subsahariana y vendidos en los mercados de las Canarias. 

Por el tratado de Alcaxovas-Toledo se fraguó el reparto entre Portugal y Castilla de las posesiones atlánticas conocidas. Madeira, Azores y Cabo Verde quedarían bajo el ámbito de influencia luso, mientras que las Canarias pasarían a estar bajo control de los castellanos que por aquellos tiempos andaban desatados, ya que su influencia comercial y militar abarcaba desde los mercados de Flandes hasta las medievalmente llamadas Islas Afortunadas.

En los reinos de la Península Ibérica, la expansión territorial obedecía a la dinámica de lucha y reconquista frente al Islam, en consecuencia la expansión territorial reforzaba de facto el poder real apoyada en la permanente cruzada que ahora se ampliaba a todo lo que se encontraban por el camino. En 1341 una prematura expedición enviada por Alfonso IV de Portugal estuvo un tiempo muy breve con objeto de cartografiar las islas. Como es sabido, nuestros hermanos portugueses albergaban un sancta sanctorum de conocimientos casi esotéricos en lo concerniente a las nuevas aristas de la geografía que se iba descubriendo. Era de rigor guardar bajo siete llaves en el santuario secreto de la escuela de cartógrafos de Sagres los mapas más avanzados de la época. En 1375, no se sabe cómo ni porque, aparecen en el Atlas Catalán

Algunos nobles franceses, como Jean de Bethencourt, posiblemente el primer aventurero procedente de Europa se haría con el control de Lanzarote y más tarde de Fuerteventura. Parece ser que lo que originalmente les impulsó a aterrizar por aquellos pagos sería la búsqueda del mítico liquen llamado orchilla que se utilizaba para teñir los tejidos. Hacia 1405 nuestro amigo Jean se aburrió de las bondades del clima y puso en manos de un sobrino suyo el mando de las islas.



La conquista


La escasa población aborigen en gran parte fue vendida como esclava, salvo en los casos de integración o rendición rápida en que serían asimilados aceptando el nuevo estatus. Posteriormente se repoblaría la isla con colonos normandos, castellanos y flamencos.

Hay que decir que en el caso de la isla de Gran Canaria, esta estaba dividida en varios reinos o guanartematos. Hacia 1481 uno de estos reyes locales fue trasladado a Castilla contra su voluntad y le sugirieron la conveniencia de firmar la Carta de Calatayud, documento por el cual se cedía la isla a Castilla, eso sí, sin mucho entusiasmo por parte del firmante que estaba algo desubicado. Este caudillo llamado Tenesor fue acogido a su vuelta con un silencio bastante preocupante. Algunos le vieron como un hombre que había buscado la paz; otros, sin embargo, como un traidor. Algunos de los aborígenes resistieron hasta el último hombre y hubo otros que a la desesperada, decidieron suicidarse.

Tenerife sería la última de las islas en pasar a formar parte de la Corona. Era la más poblada de las islas que configuran el archipiélago y estaba dividida en varios pequeños señoríos o menceyatos. Unos estaban a favor de la unión con los castellanos y otros no. El primer intento de la Corona de Castilla por anexionarse la isla acabó en una catástrofe importante para los peninsulares. Sucedió en un lugar llamado Acentejo. Ocurrió que en diciembre de 1495 y tras un largo periodo de escaramuzas guerrilleras y saqueos recíprocos, los castellanos volvieron a penetrar desde el norte de la isla. Varios miles de guanches aguardaban agazapados silenciosamente en un barranco cercano al actual municipio de La Victoria de Acentejo. La victoria castellana facilitó el hundimiento de la resistencia. Demasiados miles de muertos para ser sumados fríamente. Años más tarde, una voraz epidemia que causó muchas bajas entre los guanches, remataría a la escasa población refugiada en cuevas y montes aledaños. 

El sistema de conquista era muy simple: el conquistador sufragaba los gastos de la empresa y a cambio se convertía en el señor del lugar rindiendo pleitesía a los monarcas de Castilla y Aragón. Siempre se ha dicho que la conquista y colonización de las Canarias fue un experimento de lo que acontecería después en América: primero fueron los señores los que mandaban para después establecerse los virreyes pero entre unos y otros erradicaron la ancestral cultura que existía desde tiempos inmemoriales en el archipiélago sustituida por la cultura y civilización cristianas occidentales. 

A partir del siglo XVI las Islas Canarias pasan a formar parte del sistema económico del Imperio hispánico con sus amplias regiones dedicadas a monocultivos. Se plantarían grandes extensiones de caña de azúcar, como después se hizo en las islas caribeñas y más tarde se plantarían campos de viñedos pero la particularidad canaria es que acabó consiguiendo un régimen fiscal propio que ha mantenido hasta la actualidad y que le ha permitido sortear las graves deficiencias de la economía española desde el siglo XVII, para lo que comerció desde un principio con Inglaterra y el norte de Europa. 

Quedan enigmas sin respuesta, como la sensación de aquellos exploradores al ver por primera vez las pirámides truncadas de Güímar con su doble función ceremonial y de infraestructura civil de retención de aguas. Hoy sigue siendo un misterio y objeto de especulación entre eruditos la presencia de estas piedras mudas y bien alineadas. Quizás ellas y nosotros no hablemos el mismo idioma. Un lujo para España contar con un pueblo depositario de lo mágico y heredero de uno de los mayores misterios de la humanidad. 

Fuentes: Club de Historia  // El Confidencial // Wikiwand