Los métodos de los españoles para obligar a los nativos americanos a creer en Dios

El pasado 4 de abril, el presidente de la televisión pública española, José Antonio Sánchez, realizó un torpe discurso en la Casa de América de Madrid en el que de una extraña manera trató de explicar la relación entre España y América Latina invocando en múltiples ocasiones al espíritu civilizador con el que los colonizadores europeos arribaron a América..



«España nunca fue colonizadora, fue evangelizadora y civilizadora… La leyenda negra habla de un pueblo atrasado y bárbaro, el español, que exterminó a los pueblos indígenas y acabó con su cultura».

Aunque el mismo Sánchez pidió perdón por lo irracional de sus palabras. España fue evangelizadora, a pesar de que su esfuerzo por convertir a los indígenas a la fe cristiana tuvo que ver directamente con el proceso de colonización, hay que reconocer la labor que realizaron al idear métodos que hicieran más sencilla su comunicación con los indios; no sólo adaptándose al contexto del Nuevo Mundo, sino comprendiendo completamente su cosmovisión para imponerles no sólo una religión, sino un orden total que les permitiese tomar el poder de la nueva colonia.

En primer lugar tenemos que tener en cuenta el poder de la iglesia en aquellos años del medievo donde la Santa Inquisición ponía todos los medios para convertir a los paganos al evangelio de Cristo. El Tribunal Eclesiástico que fue responsable de muchas muertes, ha sido uno de los temas históricos más abordados, pero también de los menos comprendidos. Es prácticamente imposible hablar de ella sólo por sus métodos de tortura o del número aproximado de víctimas. Su funcionamiento interno y su impacto en la sociedad es mucho más amplio, pero podemos hacernos una idea de la obsesión con la que se pretendió evangelizar el nuevo mundo.


La llegada de los invasores


El 3 de Agosto de 1492, mientras en Roma se celebraban las exequias del papa Inocencio VIII que acababa de morir, del puerto de Palos, partía Cristóbal Colón con sus tres carabelas, en busca de otro mundo desconocido. El 12 de Octubre de 1492, Colón y sus compañeros llegaron a unas playas desconocidas, pero no sospecharon siquiera que habían descubierto para la civilización europea un nuevo continente, ni mucho menos tuvieron idea de que habían llegado al "continente de la esperanza" para la Iglesia Católica.

Vuelto Colón a España, los reyes Católicos se apresuraron de dar cuenta del descubrimiento al nuevo papa Alejandro VI. El papa celebró la noticia con grandes festejos en Roma y dijo "Vayan por todo el mundo a predicar el Evangelio", "Os mandamos, en virtud de santa obediencia que así como prometéis, y no dudamos cumpliréis, destinéis a las tierras e islas susodichas, varones probos y temerosos de Dios, doctos, instruidos y experimentados, para doctrinar a los dichos indígenas y moradores en la fe católica e imponerles en las buenas costumbres, poniendo toda la diligencia de vida en los que hayáis de enviar" (Bula Inter Caetera, 6 de Mayo de 1493).

El 26 de Setiembre de 1493, salía Colón de Cádiz, en su segundo viaje, entre los 1500 hombres que llevaba en catorce carabelas, llevaba al delegado de su Santidad, un fraile benedictino llamado Juan Boyl y varios otros religiosos y clérigos seculares, reclutados en Sevilla. Poco más de un año estuvieron en la nueva tierra debido a las diferencias con Colón sobre el trato que debía darse a los indios. Colón ordenó que se disminuyera e incluso se suprimiera la ración diaria de alimento a los eclesiásticos, quienes pronto regresaron al viejo continente en diciembre de 1494. Quedaron en la Española (Santo Domingo) los franciscanos Juan de la Deule, Juan Tizín y el ermitaño Jerónimo Ramón Pané, a quien se ha calificado justamente como el primer maestro, catequizador y antropólogo del Nuevo Mundo.

El primer obstáculo grande con que tropezaron europeos y americanos para entenderse fue la falta de una lengua común. Se calcula que en esa época existían en América 125 familias lingüísticas con 600 idiomas. Desde un comienzo de la colonización se utilizó el método de las encomiendas. Descubierto y conquistado (mediante la fuerza) un territorio, se confeccionaban los planos y se fundaba un villorio con el nombre de ciudad. Las inmediaciones se repartían entre los conquistadores, siendo una de las principales obligaciones cuidar, defender y catequizar a los indios de su territorio: "A vos se os encomiendan tantos indios en tal cacique y enseñadles las cosas de nuestra santa fe católica". De ahí las palabras encomienda y encomendero. A su costa, tenía éste en su encomienda un encargado, sacerdote o seglar, que diariamente enseñaba la doctrina cristiana a los indios y por eso se llamaba doctrinero. De vez en cuando pasaba por ahí algún misionero, examinaba a los candidatos y bautizaba y administraba los demás sacramentos, a los que estaban suficientemente preparados.

Evangelización y pecado

En general, los primeros evangelizadores de América Latina se propusieron tener como modelo de evangelización para nuestro continente la metodología que se había empleado para la Iglesia Primitiva. La primera medida evangelizadora que tomaron los misioneros españoles fue la de destruirle a los indígenas sus lugares sagrados y sus objetos religiosos de culto, porque, según parecía, todo era pagano. Amortiguaban la dureza del procedimiento porque daban primero una orden para que los indígenas mismos destruyeran sus pertenencias culturales y, si no obedecían, entonces los militares lo hacían con gran violencia. La cristianización se hizo buscando acabar con tradiciones, autoridades y valores antiguos, haciéndolos aparecer perversos o inadmisibles. La religión estuvo íntimamente ligada a la opresión colonial: en el afán por convertir a los indios al cristianismo, se utilizó la violencia, como método de extirpación de cultos autóctonos. En esta forma, se subvaloró la religión del indígena, con la convicción de portar una religión y cultura superiores… se buscó evangelizar y "civilizar" al mismo tiempo, utilizando el modelo español, pues se pensaba que la religión indígena era una superstición.

Los indígenas no tenían una noción clara de la palabra pecado; aun así, la idea de que existiera un dios misericordioso que, a través del arrepentimiento, era capaz de llevarlos a un sitio como el paraíso les pareció sumamente atractiva. Los monjes recurrieron al teatro para evangelizar a los nativos. De esta manera muchos pasajes bíblicos fueron representados en los atrios o las capillas abiertas de las iglesias.

Con el fin de no confundir a los nativos, los evangelistas tuvieron que cambiar su iconografía. La imagen de Jesucristo padeciendo en la cruz los hacía entrar en conflicto, sobre todo después de que se les prohibiera hacer sacrificios humanos; así que tuvieron que cambiar el cuerpo de Cristo por una imagen de su rostro situado en el centro del madero. Incluso el significado del símbolo tomó un camino distinto: se convirtió en una especie de árbol de la vida.

Para asegurar la fe del pueblo indígena, los religiosos adaptaron elementos nahuas a una imagen que había sido usada para evangelizar a los moros en España; así nació el culto a la Virgen de Guadalupe que, al ser de piel morena, hizo que los indios se sintieran más cerca de lo divino. La virgen no fue la única imagen que los españoles adaptaron al contexto mexica, el día de San Isidro Labrador coincide con las fiestas destinadas a Tláloc; así mismo, hicieron que la historia de Quetzalcóatl coincidiera con la de Jesús. La intención de estos giros fue la de hacerle pensar a los indios que sus costumbres no estaban del todo alejadas del cristianismo, sólo que éstas eran un poco más primitivas.

Después de destruir templos, ídolos y códices; los colonizadores centraron su atención en los niños, especialmente en los hijos de caciques. Una vez convencidos de que las costumbres de sus padres no eran correctas, los españoles pedían a los pequeños que les sirvieran como espías de sus padres que seguían adorando a los dioses paganos.

En aquellos lugares donde, por lo malsano del clima, por la aspereza del terreno, por estar lejos del poblado o por otra razón cualquiera, no se repartían encomiendas, y esto ocurría en la mayor parte del continente, fueron los heroicos misioneros de las Ordenes religiosas los protagonistas de la evangelización. Aquellos primeros misioneros se internaban en los bosques o en los desiertos y serranías donde los indios vivían dispersos y, exponiendo su vida, los reunían en un sitio determinado. Ayudados por ellos, construían un rancho-capilla donde enseñaban la doctrina y decían misa. En su contorno levantaban los indios sus viviendas y a eso se llamaba las doctrinas, que fueron el origen de muchas parroquias, obispados, pueblos y ciudades de América. Años y años pasaba ahí un religioso hasta que, crecida la doctrina y ya con el nombre de parroquia formada, pasaban a otras manos y los misioneros, dando un último adiós a sus fieles convertidos, pasaban a otra región en busca de lugares desconocidos a aprender otras lenguas, entenderse con otros indios y formar nuevas doctrinas para repetir la historia.

A pesar de que el proceso de colonización permitió en cierta manera la comunicación de América con el resto del planeta; no debemos olvidar que se trató de un genocidio más en la historia del mundo. Para conocer más acerca de las atrocidades cometidas en nombre de la Corona Española, puede visitar este artículo que habla sobre la Santa Inquisición, el tribunal que persiguió la herejía y conocer más acerca de sus métodos de tortura para convertir a la gente al cristianismo.


La resistencia indígena


Debido a la superioridad armamentística de los invasores, los nativos se vieron sometidos a seguir las exigencias de sus colonizadores, a pesar de que hubieron quienes se enfrentaron y negaron a cambiar su  doctrinas e incluso su cultura; es el ejemplo del cacique dominicano Hatuey, nacido en Guahaba en fecha desconocida y muerto en Maisí (Cuba 1511). Se opuso a la conquista europea en Santo Domingo y Cuba. Fue capturado y quemado vivo, y se negó a ser bautizado para no encontrarse con los españoles en el cielo. Su trágica muerte le convirtió en un símbolo de la resistencia indígena ante la conquista.

Era cacique de Guahaba, en la isla Española. Se opuso a la conquista española y, tras comprender finalmente la imposibilidad de resistir, decidió huir con sus hombres en canoas hasta la cercana isla de Cuba. Se estableció en la región montañosa de Maisí, pero allí tuvo que hacer frente nuevamente a los españoles el año 1511, cuando Diego Velázquez de Cuéllar emprendió la conquista de la isla. Hatuey reunió a sus hombres y les informó de que los españoles venían buscando oro para su rey, y que se lo sacarían a los indios hasta de las entrañas, por lo que les aconsejó reunir todo el que tenían y tirarlo a un río.

Preparó luego a sus hombres y se enfrento a Velázquez en un conflicto muy desigual, ya que los taínos no eran grandes guerreros, ni poseían armas eficaces (usaban todavía la tiradera). Los españoles les causaron numerosas derrotas y bajas, dominándoles en unos tres meses. Los indios se escondieron en los montes, pero fueron perseguidos tenazmente y apresados. A Hatuey se le atribuye este discurso que dirigió a los Taínos de Caobana mientras sostenía piezas de oro en sus manos: 

«Este es el Dios que los españoles adoran. Por estos pelean y matan; por estos es que nos persiguen y es por ello que tenemos que tirarlos al mar… Nos dicen, estos tiranos, que adoran a un Dios de paz e igualdad, pero usurpan nuestras tierras y nos hacen sus esclavos. Ellos nos hablan de un alma inmortal y de sus recompensas y castigos eternos, pero roban nuestras pertenencias, seducen a nuestras mujeres, violan a nuestras hijas. Incapaces de igualarnos en valor, estos cobardes se cubren con hierro que nuestras armas no pueden romper».