La Hermandad del Unicornio

En este artículo vamos  a hablar sobre una sociedad secreta muy particular, una hermandad filosófica italiana que se mantuvo en la sombra hasta el año 1983,  cuando vio la luz su preciado “Codex Unicornis” en forma de facsímil y traducido del latín.


Todo comenzó cuando Michael Green, escritor e ilustrador americano,  recibió la visita de un extraño personaje que se hacía llamar Frater Iamblicus. Según le relató el visitante, este pertenecía a una Orden surgida en Ravenna en el siglo XV, cuyo núcleo lo constituye la Doctrina Secreta del Unicornio. Su Collegium Gnosticum había guardado  celosamente su tesoro a lo largo de los siglos, tesoro que se disponía a compartir con Michael en ese momento. Lo que Michael contempló a continuación lo dejó poco menos que atónito: envueltos en una carpeta de cuero ajado, se encontraban decenas de pergaminos manuscritos, amarillentos por el paso del tiempo, con los márgenes descoloridos y algo rotos, pero llenos de anotaciones y dibujos bellísimos. Cuando la editorial vio las muestras no se lo pensó dos veces: reproducirían el manuscrito en forma de libro y así se daría conocer en todo el  mundo. Así es como nació “De Historia et Veritate Unicornis” (de la Historia y la Verdad del Unicornio).


Pero la historia no acaba ahí. Según Iamblicus, había llegado la hora, tal y como estaba escrito en una de las profecías, concretamente esta:
“¡Atención! Vendrá una edad en que la ciencia oscurecerá por doquier las esperanzas de los hombres. Carros de hierro rodarán por la tierra, que se endurecerá y vaciará para soportar su peso. El aire se llenará con el clamor de muchas voces. Plagas y enfermedades desconocidas serán multitud. La esfera de la Luna retendrá las huellas del calzado del Hombre. Dos reinos poderosos se disputarán el mundo, y se volverán contra él, hasta que el suelo y el mar enfermen, y el viento se convierta en un flujo de vapores envenenados. Y todo hombre será puesto a prueba dolorosamente, de tal modo que al fin ninguno escapará de la opción entre la Luz y la Oscuridad. Entonces, en el Tiempo de la Gran Purificación, volverá el Unicornio con gran fuerza. Se mantendrá en los límites de nuestra realidad, sembrará en nuestra mente sueños de una edad más brillante en el futuro;  serán muchos los ansiosos por verle en su forma verdadera. Pero el Unicornio es una criatura espiritual y se conforma según las imágenes que convoca en el corazón de quienes le llaman. Y habrá tanta idea deforme o conflictiva sobre su naturaleza que con suma dificultad hallará el camino para satisfacer a todos. Entonces se deberán revelar estas páginas y comunicarse sin restricciones. Para que toda confusión se resuelva y haya unidad de visión que convoque al Unicornio en su estado original, verdadero y perfecto. “
Pero no era esa la única razón. Iamblicus le confiesa a Michael que la Hermandad tenía en su poder un supuesto cuerno de unicornio, pero reconocían que no eran los legítimos propietarios de la reliquia. En sus propias palabras: “el cuerno es aún más antiguo que su base, y eso es ser bastante viejo. Ha sobrevivido al fuego y a las inundaciones, y soportado el tacto de reyes y santos. Es un talismán de poder soberano que incluso puede atraer al Unicornio viviente. Pero su fuerza y virtud sólo se pueden activar por obra de su verdadero propietario. Su luz disminuirá hasta extinguirse si está en manos de otro. Sus poderes duermen, incluso en las horas de máxima necesidad.”

Michael Green fue invitado a la comunidad del Collegium Gnosticum situada en la cima de una montaña y pudo ver el cuerno con sus propios ojos. Así describe él lo que sintió en ese momento: “…y alzó un cuerno en forma de espiral. Debo admitir que me estremecí físicamente a la vista de la salvaje belleza del extraño objeto. Estaba montado en una pesada base de plata, engarzada entre piedras púrpura, llena de inscripciones rúnicas que, supongo, eran de origen celta. Era, por cierto,  el objeto más mágico y misterioso que jamás viera. Parecía pleno de secretos arcanos; no podía quitarle los ojos de encima. Era frío, mucho más duro que el marfil…y muy real.” Después, acordaron un lugar adecuado según la profecía -profecía que reproduciremos al final del artículo- y lo enterraron, con el fin de que algún día sea encontrado por “el elegido”.

Magnalucius, nacido en Anchiana en 1457, es el encargado por orden de su maestro Eugnostos de dejar constancia en forma de pergamino de los hábitos del Unicornio y muchas cosas más. Él mismo fue testigo de las andanzas del unicornio en numerosas ocasiones. Antes, se había formado en alquimia, kábala, la Tabla Esmeralda y otros secretos arcanos en Egipto y hermandades gnósticas. Así pues, para los versados en las ciencias esotéricas no será difícil encontrar referencias herméticas en los textos.

Podemos encontrar a Eugnostos hablándole a Magnalucius de la naturaleza multidimensional del universo, por ejemplo: “la bestia no puede desaparecer. Abandona nuestro nivel de realidad y se marcha a otro. ¿No has oído hablar de las Cuatro Edades? Cada una de esas Edades aún continúa, porque no miden años cambiantes del mundo que conocemos, sino otras dimensiones, o niveles, en los cuales el Hombre ha vivido antes de llegar aquí. Las dimensiones son las cuatro notas de una cuerda poderosa que expande y abarca cuánto fue, es o puede ser. El Hombre ha ocupado cada una de ellas y cada vez que ha fallado, quebrado su juramento o su promesa, se lo envió entonces a una dimensión más baja, menos refinada. Las anteriores nos son invisibles, pero perduran entretejidas como una urdimbre inextricable. El Unicornio pertenece a la Edad de Oro, que es su morada habitual. Pero es fiel amigo del Hombre, y a menudo  se acerca a nuestro exilio porque posee la capacidad de atravesar el umbral de las edades.”

Lo anterior podría hacer referencia a las cuatro edades  o yugas que contempla la tradición gnóstica, estas son, desde la más lejana en el tiempo a la actual: la Edad de Oro, Primavera o Krita; la Edad de Plata, Verano o Treta; la Edad de Cobre, Otoño o Duapara, y la Edad de Hierro, Invierno o Kali. La Cábala hebrea también habla de cuatro mundos: Olam Aziloth (mundo de la emanación), Olam Briah (mundo de la creación), Olam Iezirah (mundo de la formación) y Olam Aziat (mundo de la acción).

También encontramos referencias a la telepatía: “Ahora creo que ya entonces Sylvanus y la creatura empezaban a conversar, uno con otro en el brillo de su mente.” “Vino, al fin, y dejó sus pensamientos en los míos.” “Maravilla, en verdad, este lenguaje sin lenguas, este discurso que nadie apresará en un tejido de palabras.”


En el Codex Unicornis, lo maligno o la antítesis del Unicornio aparece representada como el Dragón, otro animal mitológico por excelencia. Según el relato, Yaldabaoth, el primer dragón, envía a Serpens, el más astuto de su raza, a tentar al Hombre, que hasta entonces vivía felizmente en el Jardín del Unicornio durante la Edad Dorada. Vemos aquí una clara referencia o semejanza con el Jardín del Edén; los dragones sin embargo jugarían el papel de demonios o del “mal”. Los dragones quieren derrotar al Unicornio para dominar el  mundo, derrotar a la muerte y dejar de ser “los que llegaron después”, pues no se crearon a sí mismos. Pero el Unicornio se enfrenta a él: “Con sagacidad, con el más alto amor, nos debe despertar de un sueño, destrozar al Dragón, sin vacilar, con su Cuerno Espiralado.”  ¿Podrían hacer referencia estas líneas a las entidades energéticas -algunas con forma reptiloide incluida- que presuntamente se alimentan de nosotros? ¿Podría estar hablando metafóricamente del “sueño” en el que caímos al ser expulsados del Jardín del Edén? ¿Todos nosotros también debemos matar a nuestros dragones (nuestros yoes inferiores, pecados, etc.)? Juzgue el lector mismo.

Según el texto, el Unicornio posee una gran variedad de formas, tamaños y temperamentos, y se dividen en siete casas, cada una de las cuales tiene un dominio y un deber. Una de las más peculiares la forman los llamados Killina, los Unicornios de Oriente, a los que corresponde la custodia de las Tres Sentencias Secretas, también llamadas los Secretos Grandes, que sólo serán revelados al término de la edad presente. Además, los Unicornios poseen una virtud singular, pueden entrar en nuestros sueños y allí hablarnos.

En el capítulo “De los reinos olvidados”, se habla claramente de los míticos continentes o tierras antiguas que quizá una vez, hace mucho tiempo, nos precedieron: “la Tierra ha cambiado de rostro: hay tierras que se hundieron bajo las olas del mar. Los ríos no han sido fieles a su curso, ni las montañas permanentes en su forma. Si quieres conocer lo que hubo antes, busca entonces el Cuerno Espiralado.” 

Después de revelar con detalle los hábitos, los lugares que frecuenta, el origen y otros temas que atañen a la criatura, se sucede la última conversación de Magnalucius con Eugnostos, sobre el cuerno:

- ¿Y cómo llegó a su poder esta reliquia? – pregunté.
- No está en mi poder, a menos que el Cuerno me posea. (…) El Cuerno llega a quien elige, y vuelve a marcharse. Quizás un día te elija a ti…pero eso no me corresponde decirlo. 
Y acaba finalmente con la profecía sobre el lugar donde está enterrado el Cuerno, que es la siguiente:

A través de los vacíos del tiempo
estas palabras me llegaron.
Desapareceré gradualmente en la tiniebla,
en una noche hecha por el Hombre.
Pero el Sol atravesará esa niebla
cuando me pierdo y así otra vez me gano.
¡Libérate! ¡Libérate! Te llamo
a Nuevas Tierras más allá del mar:
que otro, por sendero estrecho, se me acerque.
Más lejos, más alto,
pero fuera de alcance.
Elige bien el camino que enseñe
cómo se levanta el Hundido,
cómo se llena el Vacío,
cómo finalmente se sosiega
un corazón desconcertado.
¡Busca la Gran Piedra!
Márcala con una señal
para que quien te siga
sepa que es la mía,
y esté cierto, al verla, y pondere,
tal como escribieron los Antiguos:
“Tal y tanto Arriba, tal y tanto Abajo”.
Y custodiaré la Fuente de la Grandeza;
esperaré junto a una lágrima
nacida ni de la pena ni de la alegría,
revestido de plata, bajo tierra;
soy el Cuerno Espiralado.