sábado, 4 de noviembre de 2017

Dogu: los antiguos astronautas japoneses

Las misteriosas esculturas japonesas Dogu, fueron descubiertas por A.P. Kazantzev en la Región Tohoku, de la isla Honshu, en el Japón. Estas fueron realizadas por un antiguo pueblo del neolítico conocido como "Jomon" en el año 7000 aC. aproximadamente, siendo este el primer colectivo humano que trabajó la arcilla para convertirla a posteriori en cerámica...


Para la arqueología ortodoxa, las esculturas Dogu representan a los Dioses de la fertilidad unas divinidades a las que adoraron los antiguos pobladores del Japón hace unos 10.000 años. Para otros arqueólogos se trata de representaciones de lo que debieron ser unos antiguos cosmonautas procedentes del espacio circundante. Las pruebas del carbono 14 determinó que estas se remontan al tiempo antes mencionado, 10.000 años.

No es nuevo ni debemos sorprendernos ante el hecho de que las leyendas y las tradiciones japonesas narren en sus crónicas al igual que en otras culturas la llegada de los dioses procedentes de las estrellas en un pasado muy lejano. Sorprendente es a su vez, que la tradición japonesa nos cuente que la familia imperial de ese país sea descendiente directa de esos antiguos dioses.

Las esculturas Dogu son realmente únicas, no hay otras figuras como ellas en el mundo, no se parecen a ningún otro objeto aparecido en la tierra. Los dogu son unas pequeñas estatuas de arcilla con raras cabezas, ojos como de insecto y torsos marcados por intrincados diseños de puntos y rayas. 
Nadie llega a comprender el por qué los antiguos japoneses decidieron dotar a estas esculturas de esa clase de trajes. No obstante, hay una cosa que es cierta, y esta es que en la historia más primitiva del Japón no se conocían ningún tipo de 'gafas de sol' ni clase alguna de cristales semejantes.


Según Vaughn M. Greene, autor del libro "Astronauts of Ancient Japan", estos artefactos representan a visitantes de otro planeta. La evidencia más sorprendente, indica Greene, es la semejanza entre las marcas de los dogu y los trajes espaciales de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), llamados "unidad de movilidad extravehículo (EMU)", que usan los astronautas del taxi espacial fuera de la nave.

Greene señala, por ejemplo, que las unidades de pecho para el control del equipo de la EMU se encuentran aproximadamente en el mismo lugar que unos botones circulares en el pecho del dogu, los cuales probablemente servían para manejar los sistemas vitales del traje espacial dogu, afirma, al igual que en la EMU Asimismo, las rayas que rodean los botones dogu  equivalen a marcadores para graduar la cantidad de agua u oxígeno administrada a la persona dentro del traje espacial. Con base en un abultamiento sobre el diafragma del dogu, Greene desarrolla la teoría de que el traje espacial dogu venia en dos partes separadas, al igual que la EMU. 

Un científico de la NASA apunta que una civilización muy avanzada y parecida a la humana, diseñaría trajes espaciales mucho más sofisticados que aquellos que según Greene se encuentran en el dogu. Greene sugiere que si nuestro traje espacial nos pudo llevar a la Luna, también nos llevaría a otro planeta.




Vaughn Greene comenzó a interesarse por las posibles visitas de extraterrestres a nuestro mundo cuando se dio la noticia, el 24 de junio de 1947, del encuentro de un aviador norteamericano llamado Kenneth Arnold con lo que parecía ser una nave espacial (en ese episodio él mismo bautizó platillo volador o volante 'flying saucer' a esa nave tan poco convencional). Greene tenía 17 años solamente. Tiempo después le tocó actuar en la guerra de Corea. Mientras estaba en Japón, comenzó a estudiar las leyendas Shinto y la mitología antigua de ese país. Para su sorpresa, los antiguos tomos estaban llenos de referencias a batallas de naves aéreas, castillos debajo del agua, armas exóticas, dragones voladores y hasta TV. Pero lo que más lo impresionó fueron unas estatuas prehistóricas llamadas Dogu.