La cara oculta del gigante lunático

El origen de la Luna es uno de los misterios sin resolver aun por la ciencia, ya que  ninguna de las tres hipótesis que barajan los científicos parece ser resolutiva.Visto el conjunto de anomalías y misterios de la Luna, muchos científicos han determinado que de una manera u otra, la Luna tiene origen atificial y que tuvo que haber sido puesta en órbita alrededor de la Tierra.

Una de las más interesantes y arriesgada de estas teorías es la que, en los años 60, Mijail Vasin y Alexander Sherbakov, de la Academia Soviética de Ciencias elaboraron  y que fue publicada en la revista soviética Sputnik. Estos dos científicos afirmaron que la Luna no es un satélite natural de la Tierra, sino un inmenso planetoide hueco, realizado por alguna civilización perdida muy avanzada, y colocado en órbita alrededor de la Tierra hace muchos siglos. El tratar de determinar exactamente cuándo se llevó a cabo esta grandiosa obra, quiénes fueron sus autores y cuál fue su finalidad está más allá de la teoría de estos científicos. Aunque esta teoría parezca descabellada, lo cierto es que explica, mejor que ninguna, muchos de los misterios de la Luna . Pero no contentos con la idea básica de artificialidad,  estos científicos especularon:

"…parece probable que tengamos aquí una nave espacial muy antigua, cuyo interior contenía combustible para las máquinas, materiales y accesorios para los trabajos de reparaciones, instrumentos de navegación, equipos de observación y todo tipo de maquinaria. Con casco artificial doble preparado para el golpeo de meteoritos y las temperaturas extremas: la base, un denso armazón blindado de un espesor de unos 30 Km, y sobre él una cubierta menos compacta y más fina, de unos 4,5 Km. Pero la proporción mayor de masa lunar está concentrada en la parte central de la esfera que tiene un diámetro de unos 3.100 Km. Así pues, entre el fruto y la cáscara de esta nuez hay una distancia de unos cien kilómetros. Este espacio estaba sin duda lleno de gases necesarios para la respiración y para otros fines tecnológicos..."

Aunque, su máximo exponente ha sido el escritor Don Wilson, autor del libro La Luna, una misteriosa nave espacial, un relato que rompe por completo todos los esquemas y todas las teorías establecidas por científicos, astrónomos, físicos y otros especialistas en el campo de la investigación de los elementos que constituyen el espacio exterior tal y como es conocido por la raza humana.


La naturaleza de este colosal gigante, es intrigante y desconcertante a su vez. Se han podido recopilar miles de fotografías de OVNI’s que sobrevolaban su superficie, se han podido observar esferas de alta intensidad lumínica haciendo maniobras imposibles a varios miles de kilómetros por hora, algo que está sólo al alcance de dispositivos voladores construidos mediante ingeniería extraterrestre que cuentan con generadores de agujeros de gusano, sistemas de propulsión avanzados que inhiben los campos gravitacionales, circunstancia que provoca una aceleración súbita de estas naves que permite que los ingenios puedan alcanzar cifras astronómicas si hablamos de velocidad…

Algunos datos indican que algunas regiones internas de la Luna son menos densas que el exterior, dando lugar a la especulación inevitable que podría ser hueca.

Algunas de estas afirmaciones provienen del hecho de que cuando los meteoritos impactan la Luna, esta suena como una campana. Más específicamente, cuando la tripulación de Apolo, el 20 de noviembre de 1969, lanzó el módulo lunar, después de regresar a la nave, el impacto del módulo con la Luna hizo que sus equipos de sísmica registraran una reverberación continua como una campana por más de una hora...



Entre 1783 y 1787, según Charles Fort, el astrónomo inglés Sir William Herschel (descubridor del planeta Urano y de los satélites de Saturno) realizó un descubrimiento cuando observaba la superficie Lunar a través de un telescopio. Mientras miraba notó que unos puntos luminosos parecían moverse en las tinieblas y que no eran causados aparentemente por la luz del Sol.

Tal vez debido al desconocimiento del origen de aquellos destellos luminosos....el fenómeno, observado en aquella época, se consignó dentro de los anales astronómicos sin justificación o explicación. Años más tarde, en 1821, el astrónomo de apellido Loomis, observó pequeñas manchas de luz que atravesaban la Luna a gran velocidad. Rankin, astrónomo también, aseguró que había visto otras luces en posición diferente las cuales consideró como reflejos estelares.

En los albores de nuestro siglo XX aún no se hablaba de OVNIS y mucho menos de viajes a la Luna. Pero hubo un científico que tuvo valor al declarar que en la Luna estaba sucediendo algo y que quizás cuando el hombre pudiera llegar a ella se lograría un descubrimiento sensacional. Esto lo dijo el doctor Glenn Seabor, presidente de la Comisión Norteamericana de energía Nuclear, en Moscú.

En 1915, el científico norteamericano Bernard Thomas, vio desde el observatorio de Tasmania, un punto luminoso en el mar de las Crisis. Al mismo tiempo, desde el Observatorio Nacional de París que habían visto la misma luz....algo parecido a un muro en el circo de Aristeo.


El astrónomo F.Burnet descubrió (siete años más tarde) tres elevaciones perfectamente regulares que tenían forma de pirámides elevadas.


Pero el descubrimiento más asombroso lo iba a realizar un aficionado a la astronomía, que al mismo tiempo era redactor científico del periódico The New Herald Tribune. Su nombre: John O´Neil, quien descubrió al borde del mar de las Crisis una construcción que tenía toda la forma de un puente.

No obstante, el profesor H.P. Wilkins, autor del mapa más perfecto que se halla logrado de la Luna declaró que él también había visto el puente y que estaba dispuesto a jurarlo.

Puentes, pirámides, carreteras, cualquier cosa que pudiera mostrar que "algo extraño" sucedía en la Luna. Merced a este interés surgido en forma inusitada, el 29 de octubre de 1963, astrónomos del Observatorio Lowell encontraron unos puntos luminosos que se movían rápidamente en el circo de Aristarco (se llama circo a la huella dejada por los aerolitos impactados en la Luna que tienen forma circular).

Los estudiosos del fenómeno OVNI aseguran que los astronautas que "hablaron demasiado" sobre lo que descubrieron en la Luna pronto fueron dados de baja y tuvieron que abandonar el servicio activo, como en el caso de Gordon Cooper, que después de haber integrado el equipo del proyecto Mercury y tripulado éste en 1963 y el Géminis 5 en 1968 no fue enviado con destino a la Luna en el Apolo....poco después se declaró abierto partidario de la existencia de OVNIS. Cooper realizó una expedición (incluso) hacia América del Sur en busca de vestigios de antiguas civilizaciones y se dedicó a la exploración de pirámides...¿sería para cotejar la similitud con aquellas que se han visto en la Luna?

Una imagen vale más que mil palabras, y en ellas se descubre aquello que a los ojos de astrónomos y ufólogos no es propio de un cuerpo desolado como se ha querido mostrar desde hace muchos años a nuestra misteriosa Luna ¿Significa que la Luna ha sido visitada por gente de otros planetas? ¿Es posible que sea una base de extraterrestres desde donde nos observan?

¿Alunizajes trucados?

Más de 30 años después del alunizaje del Apolo XI, todavía hay quienes creen que ese acontecimiento fue un montaje y que las fotografías de esa hazaña son falsas.

El 20 de julio de 1969, más de 600 millones de personas - la quinta parte de la población mundial - contemplaban con reverencia cómo Neil Armstrong se convertía en el primer hombre que pisaba la Luna.

En abril de 1970, el mundo contuvo la respiración cuando el Apolo XIII, averiado, regresaba a la Tierra tras su fallido intento de alunizaje. Pero el interés de la opinión pública por la carrera espacial ya había disminuido y continuó decayendo durante las siguientes misiones.

Los últimos hombres que se posaron sobre la Luna fueron los astronautas del Apolo XVII, en diciembre de 1972. Pero incluso antes de esto, aparecieron varias teorías que hablaban de falsificación, la más radical de las cuales afirmaba que la NASA (la Agencia Espacial Estadounidense) se había inventado todos los alunizajes, es decir, que el hombre nunca había estado en la Luna.

¿Miente la cámara?

Algunos investigadores que estudiaron las fotografías sugirieron que la NASA podría haber ocultado algo. Se han examinado fotografías clave de las misiones Apolo - supuestamente tomadas por los astronautas con cámaras sujetas al pecho y sin emplear otra luz que la del Sol -, en busca de evidencias que confirmasen esas teorías de fraude.

Ciertos aspectos de las instantáneas son difíciles de explicar de manera satisfactoria. Pero la cuestión fundamental, independientemente de que el hombre llegara o no a la Luna, es saber qué motivos tuvieron los fotógrafos para trucar las fotografías.

Esta fotográfia fue tomada por la misión Apolo 12, en ella, una extraña luz pasa sobre la superficie lunar. Durante esta misión, varias fotografías similares fueron tomadas.

Avistamientos por astronautas

En 1985, el astronauta Gordon Cooper, uno de los primeros que orbitaron la Luna, compareció ante un grupo de asesores de la ONU presidido por el entonces secretario general Kurt Waldheim, e hizo una alarmante advertencia: "Creo que... vehículos extraterrestres y sus tripulaciones nos están visitando desde otros planetas, y que están técnicamente un poco mas avanzados que nosotros. Considero que necesitamos un programa de alto nivel para recoger y analizar la información referente a cualquier tipo de encuentro y para determinar la mejor manera de relacionarnos amistosamente con estos visitantes.

Los argumentos de Cooper para esta declaración eran que había estado en la periferia de las grandes regiones por las que "ellos" se mueven. Además, en 1951, durante dos días tuve ocasión de observar muchos objetos de diferentes tamaños que volaban en formación... a una altura mucho mayor de la que podíamos alcanzar".

Por tanto, uno de los más grandes pioneros de Estados Unidos, un hombre que había detentado el récord de vuelo más largo en el espacio, 34 horas, admitía, ante varios de los hombres más poderosos del mundo, que había tenido encuentros con aparatos extraterrestres. Pero, ¿pueden ser ciertas estas alegaciones?

Edwin Aldrin fotografió tres esferas brillantes a borde de su nave Gemini en 1966. En 3 minutos tomó 15 fotos en los que se ven los objetos moviéndose.

Una historia de avistamientos

Desde la creación de la NASA en 1958, varios de sus pilotos y astronautas han testificado que habían visto ingenios volantes de origen desconocido. El primero en anunciar un avistamiento fue Joseph Walker, piloto del avión de pruebas X-15. Según una charla dada en mayo de 1962, en los meses anteriores Walker tuvo un encuentro aéreo con dos objetos en forma de disco, lo cuál filmó. En julio del mimo año, otro piloto del X-15, el mayor Robert White, informó haberse encontrado formando parte de una escuadrilla de ovnis mientras volaba a unos 9.800 m de altura.

La NASA rehusó apoyar a sus pilotos y las fotografías y películas que contenían anomalías nunca se publicaron. La línea oficial establecía que los ovnis habían sido identificados como hielos. Pero, aunque la NASA negó tener interés en los ovnis, pronto se demostró que esto era falso.

Durante 1965, el US Federal Bureau of Investigation (FBI) supo de una fuente confidencial que un informador de la NASA estaba "filtrando" encubiertamente información sobre ovnis. Los receptores eran dos personas de Pittburg que, según el FBI, tenían un interés personal en los ovnis y estaban de acuerdo con un empleado de la NASA. En un expediente del FBI, de fecha 2 de septiembre de 1965, se dice: "La fuente cree que la información puede ser clasificada. Por ejemplo, la fuente dijo que [censurado] había visto una filmación en la que se veía un misil separándose de un ovni que aparecía en la pantalla. Antes del vuelo del Gemini 4, [censurado] dijo que veía algo interesante, porque la nave espacial tenía a bordo dispositivos para detectar ovnis..."

Antes de que suceda la famosa explosión a bordo del Apolo 13, la tripulación obtuvo varias fotografías de objetos extraños cerca de la luna. Una de ellas muestra un objeto con forma de cigarro.

Pruebas de un encubrimiento

La documentación del FBI sobre este caso pone de manifiesto dos puntos importantes: la referencia de una filmación en la que se muestra un ovni en vuelo, confirma que la NASA está en posesión de datos sobre los ovnis que oculta al público. En segundo lugar, la mención de la misión Gemini 4. Uno de sus pilotos, James McDivitt, confirmó que, durante la misión, vio con seguridad una forma de objeto no identificado.

Aunque McDivitt no cree que el objeto fuese anómalo, no se adhiere a la teoría del escéptico James Oberg, según la cual el objeto era simplemente la segunda etapa del cohete Titán que lanzó el Gemini 4. Como el investigador afirma en su libro de 1996, Beyond Top Secret, "si éste fue el caso, el único enigma que queda es el aparente fallo de McDivitt en reconocer su propio cohete".


En esta fotografía tomada por la misión Apolo 14, se observa un extraño objeto sobrevolando un cráter en la superficie lunar.
La Nasa se niega a comentar estas imágenes.

Los misterios de la Luna

Después de las misiones Gemini, la carrera espacial se aceleró con el programa Apolo. Tras la promesa del presidente Kennedy de situar un hombre en la Luna, creció el interés por los misterios del espacio y, en particular, por la nueva frontera del hombre: la Luna. Así, cuando los astronautas del Apolo 11 dieron sus primeros pasos sobre la superficie de la Luna el 20 de julio de 1969, incluso el más recalcitrante de los escépticos debió considerar la posibilidad de que la presencia de vida fuera de la Tierra era ya una realidad.

A pesar de las declaraciones de que los astronautas no habían visto nada anormal, circularon rumores de que, durante su estancia en la Luna, la tripulación nunca estuvo sola.
A continuación se incluye una conversación clasificada entre la tripulación del Apolo 11 y el control de la misión:

Apolo 11: ¿Qué diablos era? Es lo que quiero saber. Estas cosas eran gigantescos, señor. ¿ ¡Dios mío, usted no lo creería!
NASA: ¿Qué... ? ¿Qué diablos pasa?
Apolo 11: Están aquí, bajo la superficie.
NASA: ¿Qué hay ahí? Control de misión llamando a Apolo 11.
Apolo 11: Estamos aquí, los tres. Pero hemos encontrado visitantes... Por las instalaciones, parece que han estado aquí desde hace mucho tiempo... Digo que ahí fuera hay aparatos espaciales. Están alineados en filas al otro lado del cráter...

Sin embargo, las pruebas de este encuentro en la Luna son muy débiles. Otto Binder, ex empleado de la NASA, dijo que esta conversación fue escuchada casualmente por unos radioaficionados que pueden captar un "canal reservado" para estos mensajes. Sin embargo, Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, informó al investigador Timothy Good que no se registró, ni se encontró, ni se vio ningún objeto durante la misión Apolo 11, ni en ningún otro vuelo Apolo que no fuese natural. La única corroboración de esta historia se obtuvo de Maurice Chatelain, experto en comunicaciones de la NASA. En una entrevista efectuada en 1979, Chatelian confirmó que un retardo de tiempo en la transmisión del diálogo entre el centro de control y el Apolo 11 permitió a la NASA censurar la información referente a los visitantes.

Falta de pruebas

Sin embargo no hay manera de comprobar si en la misión Apolo 11 se produjo este incidente. Muchos investigadores dudan de las afirmaciones de Binder y Chatelian, y la NASA niega que hubiese censurado transmisiones. No obstante, un caso similar referente al Discóvery no sólo originó el Watergate cósmico en 1990, sino que también dio un giro a las declaraciones de encuentros extraterrestres de astronautas.

Alrededor de las 6:30 del 14 de marzo de 1990, Donald Ratsh, un radioaficionado de Baltimore, Maryland, estaba siguiendo las transmisiones del Transbordador Discovery cuando oyó la siguiente comunicación:

"Houston, aquí Discovery, tenemos un problema. Tenemos un incendio". Poco después dice Ratsh, se oyó una transmisión adicional: Houston, aquí Discovery. Todavía tenemos la nave espacial bajo observación. Esta revelación animó a numerosas personas, entre ellas Bob Oeschler, ex especialista en misiones de la NASA, a hacer sus propias averiguaciones. Después de un intenso período de investigación. Oeschler llegó a la conclusión de que el mensaje no fue transmitido desde el transbordador. En cambio, aventuró que la señal pudo proceder de una zona alrededor de Fort Meade, Maryland, la sede de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU, que está involucrada desde hace tiempo en la investigación de informes de ovnis. Oeschler sólo pudo llegar a la conclusión de que la transmisión fue un fraude orquestado institucionalmente para algún sutil propósito de inteligencia.

Sin embargo, una fuente de la NASA informó a Oeschler que, coincidiendo en el tiempo, el transbordador estuvo involucrado en un incidente con un ovni. Oeschler informa que el encuentro duró ocho horas y produjo problemas en los sistemas eléctricos del Discovery. Ni que decir tiene que las preguntas no han recibido respuesta y que el caso todavía está bajo investigación.

También parece que los ufólogos no estarán satisfechos hasta que la NASA admita oficialmente que sus astronautas han tenido encuentros. Pero la agencia espacial ha mantenido un silencio absoluto sobre el tema de los ovnis en treinta años, por lo que es probable que no se produzca en breve un anuncio como ese.

Las teorías del fraude lunar

En mayo de 1961, cuando el presidente John F. Kennedy anunció al Congreso que Estados Unidos "se comprometía a situar un hombre en la Luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra antes del fin de la década", empezó la carrera hacia la Luna. La guerra fría estaba en su apogeo y la NASA era una de las armas más importantes de esta batalla.

Pero la Unión Soviética gozaba de la ventaja inicial. En 1961 había lanzado al espacio el primer hombre y también fueron los primeros en orbitar la Tierra.

Estados Unidos se apuntó un éxito menos de un año después de la declaración de Kennedy, cuando John Glenn fue el primer americano que orbitó la Tierra. Pero llegó la tragedia: en enero de 1967, la cápsula Apolo 1 estalló en llamas durante las pruebas y murieron los tres astronautas que había a bordo. Los muchos defectos que condujeron al incendio obligaron a rehacer el diseño. En la NASA, muchos creyeron que conseguir el ansiado objetivo en el plazo fijado era una empresa imposible.

Un sueño imposible

Bill Kaysing cree que fue la necesidad de cumplir la promesa de Kennedy lo que provocó la conspiración de la NASA. Entre 1956 y 1963, Kaysing trabajó como redactor técnico en una empresa relacionada con las misiones Apolo. "Durante este tiempo -dice Kaysing-, la NASA realizó un estudio de viabilidad que indicó que sólo tenían un 0,0017% de posibilidades de situar un hombre en la Luna y de devolverlo luego a Tierra." Kaysing opina que era imposible para la NASA alcanzar el 100% en 1969.

Hay quien cree que Kaysing tiene razón. La tecnología empleada para enviar el Apolo 11 a la Luna era muy primitiva comparada con los estándares actuales. De hecho, la computadora de a bordo tenía menos memoria que un lavadora moderna.

La puesta en escena

En su libro We Never Went to the Moon, Kaysing dice que la NASA y la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) trabajaron juntas para trucar el alunizaje del Apolo 11. Se lanzó un cohete Saturno V vacío, que volvió a la Tierra cuando estaba fuera de la vista del público. Se supone que la NASA también preparó un paisaje lunar en una cueva subterránea de Nevada.

Mientras tanto, los astronautas y el control de la misión formaban parte de una puesta en escena meticulosamente diseñada para engañar al público y para hacer creer que se habían posado en la Luna. Se tomaron fotografías y filmes trucados y los astronautas "volvieron" a la Tierra soltando al océano una falsa cápsula espacial desde un avión del ejército. Kaysing sugiere que los astronautas fueron sometidos a un lavado de cerebro para garantizar su cooperación.

Ralph René, también cree que es posible que los astronautas no estuviesen en la Luna. En su libro NASA Mooned America!, René dice que la nave espacial debería haber tenido un grosor mínimo de dos metros para impedir que la radiación cósmica "cociese" a los astronautas de su interior.

Los teóricos del fraude creen que la NASA decidió simular los alunizajes cuando se dio cuenta de que no disponía de la tecnología para llevar con seguridad hombres a la Luna a finales de los años 60. Esto les aseguraba un trofeo propagandístico frente a los soviéticos y mantener la financiación de sus verdaderos proyectos espaciales.

Conspiración conjunta

Otra teoría sobre el fraude sugiere que estadounidenses y soviéticos desarrollaron conjuntamente su tecnología espacial. La NASA trucó las fotografías de los Apolo porque, con los soviéticos, estaban construyendo bases en la Luna para utilizarlas como escalas hacia una base definitiva en Marte. Esta teoría fue lanzada en un documental trucado llamado Alternative Three, de la serie Sciencie Report realizada por TV Anglia.

Originalmente programada para el día de los inocentes, el programa se emitió finalmente el 20 de junio de 1977. Produjo un diluvio de reacciones, comparable al pánico producido por la emisión de Orson Welles La guerra de los Mundos en 1936.

En el documentales afirmaba que el mundo se enfrentaba a un supremo desafío ecológico. A continuación, un equipo de científicos y consejeros gubernamentales aportaba tres alternativas para la salvación de la humanidad. La primera consistía en detonar de manera controlada cabezas nucleares en la atmósfera para hacer que la contaminación se disperse por el espacio. La segunda era construir enormes bunkers subterráneos para alojar en ellos la elite rica, inteligente y poderosa del mundo. Pero la tercera alternativa fue el plan elegido.

La tercera alternativa

En este escenario, los seres humanos colonizarían el planeta más cercano capaz de mantener vida: Marte. Según el programa, en los años cincuenta ya se habría enviado una sonda americano-soviética para explorar la cara oculta de la Luna y en ella se habría construido una base para viajar a bases marcianas. Una vez montadas estas bases, los ricos y poderosos abandonarían la Tierra para ir a Marte, dejando que el resto de la humanidad se las arreglase en una Tierra condenada a morir.

Por increíble que pueda parecer todo esto, muchos televidentes creyeron en el documental, a pesar de que en muchos periódicos se advirtió de que se trataba de una ficción. También tenía una lista de actores al final del programa y una nota de copyright que indicaba 1 de abril de 1977.

El programa no se difundió en Estados Unidos porque en él se presentaban teorías de ocultación de la "verdad". Surgieron muchas sospechas cuando la gente se quejó de que el libro Alternative Three era difícil de encontrar y de que el gobierno lo estaba reteniendo.




Existe otra teoría que gana fuerza. Un grupo de investigación llamado La Misión Marte (TMM) ha empleado casi veinte años en el análisis de las fotografías de Marte y ha llegado a la conclusión de que allí existen ruinas extraterrestres. La evidencia más convincente que presenta es la famosa fotografía de la "cara de Marte". Pero la NASA dice que sólo es un juego de luces.

El director de TMM, Richard Hoagland, cambió el nombre del grupo por el de La Misión Enterprise, porque cree que ha encontrado evidencias de estructuras artificiales en la Luna. Hoagland dice que ha llegado a estas conclusiones empleando sencillos cálculos geométricos.

Civilización perdida

Las imágenes de la Tierra, tomadas de fotografías de satélites con una resolución de 100 m, muestran líneas rectas, círculos y cuadrados correspondientes a carreteras, edificios y ciudades. Hoagland sabía esto y, al observar la Luna, dijo que en su superficie había encontrado formas geométricas con una resolución de 100 m. Cree que son los restos de enormes estructuras de vidrio para proteger ciudades lunares. "Sin las limitaciones de la gravedad -comenta Hoagland-, estas estructuras son mucho mayores que cualquier cosa que se pueda construir en la Tierra." Estima que una de ellas, que llama "La torre", podría tener 12 km de altura. Cree que cubren una gran parte de la Luna y que son visibles desde la Tierra cuando la Luna se sume en la oscuridad. Hoagland dice que son indicios de una civilización perdida y cree que los astronautas de las misiones Apolo tenían conocimiento de su existencia.

Extraterrestres en la Luna

El ufólogo Timothy Good, en su libro Beyond Top Secret, informa de que los astronautas vieron extraterrestres en la Luna. La evidencia reside en una conversación secreta entre el control de la misión y los astronautas del Apolo 11 Armstrong y Aldrin, que fue registrada por los soviéticos.

El Dr. Vladimir Azhazha, físico y profesor de matemáticas ruso, dijo que el encuentro ocurrió poco después de que alunizara el módulo lunar, pero que el público nunca pudo escuchar el informe de los astronautas porque la NASA lo prohibió. Maurice Chatelain, un especialista en comunicaciones de la NASA, comentó que "el encuentro con ovnis era perfectamente conocido en la NASA" y que "todas las misiones Apolo habían sido seguidas por ovnis".

Esto sugiere que la NASA no está dispuesta a admitir ante el mundo que sus astronautas habían sido vigilados de cerca por ovnis y escenificaron las fotografías en la Tierra para que el público no se asustase con lo que sucedía realmente en el espacio.

Una de las más extrañas preguntas sobre la Luna es por qué la NASA no ha enviado más astronautas desde las misiones Apolo y por qué no tiene intención de hacerlo en el futuro. ¿Acaso la Luna ya ha entregado todos sus secretos?

LUNA, LA GRAN DESCONOCIDA

Entre las noticias más importantes del año 1994 –las masacres en Bosnia y Ruanda, el juicio del ex-futbolista O. J. Simpson en los EUA, y otras– hubo una que pasó mayormente desapercibida por el público no especializado: se trataba del regreso a la Luna del programa espacial de los Estados Unidos a través de una pequeña sonda "desechable" denominada Clementine, cuya tecnología supuestamente era fruto de la entonces inactiva Incitativa de Defensa Espacial impulsada en la década de los '80 por el régimen de Reagan.

La falta de publicidad en torno a este lanzamiento espacial hizo que el controvertido investigador OVNI George Andrews hiciese el siguiente comentario: "Resulta curioso que la primera misión espacial estadounidense a la Luna en más de 21 años no haya recibido más de dos pulgadas de espacio en los principales periódicos de la nación". Andrews agregó que el monto total de la misión Clementine –$75 millones de dólares– debió haber llamado la atención de por lo menos algún interesado en el presupuesto gubernamental. Según un cable de prensa de la AP, la misión de Clementine 1 consistía en fotografiar nuestro satélite natural así como otro "asteroide inespecífico" (Geographos, nombrado en honor de la revista National Geographic) para probar un nuevo herramental defensivo, cuyas características exactas jamás se dieron a conocer.

Las largas vacaciones que se tomó la NASA de la exploración lunar han sido racionalizadas por los investigadores como la consecuencia de la indiferencia pública ante la exploración espacial, o la hostilidad abierta de dicho público ante el costo elevado de las sondas espaciales. También se ha dicho que en la Luna no se hicieron descubrimientos excitantes, y que lo verdaderamente emocionante de la investigación espacial reside en las arenas rojas del planeta Marte o en las riquezas minerales del cinturón de asteroides. Luego de haber transportado ochocientas libras de roca lunar a una distancia en exceso de doscientas mil millas, la ciencia actual parecía saber todo lo que había que saber sobre nuestro único satélite natural. Al menos, así lo parecía.

La realidad del asunto es que la NASA jamás se olvidó de la Luna, ni siquiera durante los momentos más oscuros de los recortes presupuestarios realizados por el senador Bill Proxmire a fines de los '70 (Proxmire ordenó la destrucción de las instalaciones y herramientas utilizadas para construir los enormes lanzadores Saturno V que llevaron el hombre a la Luna). Se ha observado que durante el Programa Vikingo para la exploración de Marte, la NASA había propuesto el uso de un módulo de descenso parecido al Vikingo I para colocar más de 1.000 libras de equipo científico en cualquier parte de la Luna, aún en la cara oscura, mientras que un aparato orbital proporcionaba comunicaciones con la Tierra. Durante la década de los '80, la ex-astronauta Sally Ride presidió el comité encargado de explorar la mejor manera de regresar a nuestro satélite como trampolín para tareas de exploración más arduas, como la de Marte.

Sin embargo, existían otras líneas de pensamiento que proponían hechos sumamente intrigantes, tales como el hecho de que el proyecto Apolo no había sido más que un disfraz elaborado y de baja tecnología para ocultar el altamente sofisticado programa de exploración militar que efectuaba la exploración verdadera. Muchos llegaron al grado de sugerir la posibilidad de que ya se habían establecido bases debajo de la superficie lunar, excavadas por maquinaria sacada de una pesadilla. Y hubo otros –habitantes en la tierra fronteriza entre la cordura y la locura– que contaron historias sobre bases extraterrestres, linde entre humanos y extrahumanos, y el hecho de que la Luna era una esfera perfectamente hueca.

Colocando la paranoia a un lado, muchos creen aún que este reavivamiento de interés en la Luna resulta altamente sospechoso. Uno de los principales argumentos esgrimidos es la extraña circunstancia de que ambas superpotencias perdieron interés en la Luna casi al mismo tiempo: el altamente exitoso programa Lunakhod de la Unión Soviética tocó a su fin siete meses después de que se produjera el despegue de la misión Apolo 17 de la superficie lunar el 7 de diciembre de 1972. El centro de mando espacial soviético en Baikonur perdió contacto con el Lunakhod 2 misteriosamente en las inmediaciones del cráter Le Monnier, a tan solo 110 millas del punto de aterrizaje del Apolo 17. ¿Habrá sido cierto, entonces, aquel rumor de que los humanos habían sido echados de la Luna por intrusos, y que nuestras sondas lunares habían sido plagadas por intensa actividad OVNI?

La agencia noticiosa UPI hizo eco de una noticia circulada por TASS, el servicio noticioso de la Unión Soviética sobre un hecho ocurrido el 14 de febrero de 1973: el Lunakhod 2 había descubierto una losa de piedra inusualmente lisa, casi parecida al tabique de una estructura humana, en las cercanías de las montañas Tauro. La losa guardaba un parecido extraordinario al célebre monolito descrito en la novela 2001: La odisea del espacio por Arthur C. Clarke.

Preguntas sin respuesta

En la década de los '70, una serie de artículos de prensa sugirieron la posibilidad de que los primeros astronautas habían encontrado naves e instalaciones extraterrestres tanto en el Mar de la Tranquilidad y como en otros puntos de la geografía lunar. Las transcripciones de las conversaciones entre Houston y los distintas expediciones lunares apuntaban la posibilidad de que los intrépidos astronautas estaban en una situación muy fuera de su alcance. El día de navidad de 1968, se produjo un evento extraordinario: mientras que la cápsula Apolo 8 circunvalaba la esfera lunar, las comunicaciones quedaron interrumpidas por un espacio de seis minutos que parecían interminables. Después de este lapso, los controladores en Houston pudieron escuchar que el astronauta James Lovell decía: "Acaban de decirnos que existe Papá Noel". Los aparatos de monitoreo clínico en tierra comprobaron que el pulso de astronauta había saltado repentinamente a 120 pulsaciones por minuto, habiendo permanecido en la gama normal antes del evento.

El aterrizaje de la misión Apolo 11 en el Mar de la Tranquilidad fue caracterizado por la singular "serenata" de sonidos –que asemejaban los silbidos de un tren y ruidos de maquinaria– que interrumpieron el canal de comunicación segura entre el Módulo de Excursión Lunar y CAPCOM en Houston, haciendo que este último preguntara a los astronautas "si tenían compañía allá arriba".

Existe también la creencia muy arraigada, aunque totalmente carente de mérito, de que la misión Apolo 13 (inmortalizada por la película del mismo nombre protagonizada por Tom Hanks) casi fue destruida por un haz de energía disparado por un OVNI contra el módulo de servicio. No obstante, "algo" ha disparado contra nuestros astronautas: un objeto parecido a un proyectil, con una rapidez inverosímil para las condiciones lunares, surcó el espacio justo sobre las cabezas de David Scott y James Irwin de la misión Apolo 15, mientras que los tripulantes de la Apolo 16 fueron sorprendidos por el destello de un haz de luz en el cielo negro de nuestro satélite. Más alarmante aún fue el encuentro cercano con lo desconocido que tuvieron los astronautas Gene Cernan y Harrison Schmitt: una fuerza invisible hizo explotar la antena de alta ganancia en su vehículo lunar. La transcripción de las comunicaciones entre los exploradores lunares y el módulo de mando, que permanecía en órbita, sigue siendo un misterio hasta la actualidad. Los astronautas en el coche lunar dicen: "Sí, explotó. Algo voló sobre nosotros justo antes... todavía..." mientras que el otro responde: "¡Dios! Pensé que nos había impactado un... un... ¡miren aquello!" El intercambio entre los astronautas queda interrumpido por la voz lacónica del control en Houston, asegurándoles que otras misiones han experimentado el mismo fenómeno. Según declaraciones hechas por el doctor Farouk El-Baz, el prestigioso geólogo de la NASA, los extraños objetos debían ser catalogados como OVNIs, puesto que no existían naves soviéticas ni estadounidenses capaces de alcanzar velocidades tan vertiginosas.


En diciembre de 1969, el físico nuclear Glenn Seaborg, quien ejercía el cargo de presidente de la Comisión de Energía Atómica de los EE.UU. (AEC), manifestó durante una visita a Moscú que la misión Apolo 11 había descubierto "huellas sospechosas" en la cara oculta de la Luna... huellas que parecían haber sido hechas por alguna clase de vehículo. Esta declaración no sorprendió en lo más mínimo a mucha gente, especialmente los astrónomos encargados de catalogar los "fenómenos lunares transitorios" y la aparición y desaparición de distintivos extraños en la superficie de nuestro satélite. Desde el siglo XVIII, la comunidad astronómica venía interesándose por las luces que podían ser vistas en ciertos cráteres y en los "mares" lunares. A lo largo del siglo XIX, el cráter Aristarco hizo gala de luces blancas de gran brillantez que fueron descartadas como ilusiones ópticas hasta que un grupo de observadores las vio despegar de la superficie del cráter. Este cráter, altamente visible desde la Tierra, siguió siendo una fuente de actividad extraña hasta bien entrada la década de los '60.

Pero los eventos de alta extrañeza no estaban circunscritos al cráter Aristarco: el cráter Platón –uno de los más visibles a simple vista de la Tierra– reveló luces parecidas a la de una procesión de vehículos, y los tripulantes del Apolo 8 habían hecho la observación de que el Monte Pickering, situado entre los cráteres Messier y Pickering, parece emitir haces de luz. Todo esto parecía indicar que lo escrito sobre este cuerpo celeste supuestamente muerto estaba equivocado, o que sus "inquilinos" estaban sumamente atareados.

A mediados de los '70, con el programa espacial tripulado de los EE.UU. en situación de inactividad, aguardando la llegada del transbordador espacial, y con el recuerdo de las misiones lunares desapareciendo paulatinamente de la memoria del público, varios antiguos empleados y asesores de la NASA comenzaron a formular sus propias opiniones sobre lo que habías sucedido a un cuarto de millón de millas de la Tierra durante los lanzamientos del proyecto Apolo. La prensa ovnilógica de aquellos días inevitablemente publicó notas extensas sobre las conversaciones sostenidas entre los astronautas y el control de tierra, haciendo hincapié en los incidentes anómalos y fenómenos extraños e inesperados.

El doctor Maurice Chatelain, antiguo jefe de comunicaciones de la NASA, expresó la creencia controvertida de que tanto las misiones lunares soviéticas como estadounidenses habían sido "vigiladas" por OVNIs. Los autores civiles también manifestaron su parecer al respecto con sugerencias atrevidas, pero ninguna tan sorprendentes como las vertidas por George Leonard, autor profesional que había trabajado para varias dependencias del gobierno, en su libro Somebody Else is On the Moon (Hay alguien más en la Luna), el resultado de un análisis minucioso de las miles de fotografías de la superficie lunar tomadas por la NASA. La teoría de Leonard era que la Luna estaba habitada por una raza inteligente de origen extrasolar cuyas actividades eran claramente visibles a los instrumentos de nuestros astrónomos... actividades que fueron la razón verdadera de la "carrera por alcanzar la Luna" en los años '60.

Las fotos, según Leonard, presentaban evidencia borrosa de enormes dispositivos de excavación extraterrestre de hasta cinco millas en diámetro, así como otros aparatos que supuestamente circulaban en la superficie lunar. Las más impresionantes de estas estructuras eran las enormes "torres" que parecían proyectar sombras cuya extensión se medía en millas. Las torres parecían estar compuestas de un material completamente ajeno a la roca lunar que les rodeaba. "La Luna está firmemente bajo el control de quienes la ocupan", escribió Leonard en su obra. "Su presencia es visible por doquier: en la superficie, en la cara visible y en la cara oculta, en los cráteres, en los mares y en los altiplanos. Están cambiando la faz de la Luna. La sospecha o el reconocimiento de ello fue lo que disparó los programas de exploración rusos y estadounidenses, que más que competencia, parecen una cooperación desesperada".

Otras notas periodísticas se concentraron en aspectos igualmente controvertidos e igual de difíciles de verificar, como la enorme discrepancia entre las edades de las distintas rocas lunares recolectadas en distintas partes del satélite –aspectos tratados exhaustivamente por el astrónomo Don Wilson en sus libros Our Mysterious Spaceship Moon (NY: Dell, 1975) y Secrets of Our Spaceship Moon (NY: Dell, 1979). La tesis de Wilson se relacionaba con la posibilidad, señalada por el astrónomo Gordon McDonald en 1962, de que nuestro satélite fuese un cuerpo completamente hueco, dada la densidad reducida de su interior. Dada la imposibilidad de tener cuerpos celestes huecos, los rusos Vasin y Scherbakov lanzaron la intrépida hipótesis sobre el origen artificial de la Luna.

Para finales de la década de los '70, la fiebre producida por las anomalías lunares había menguado considerablemente y no volvió a comentarse nada sobre ellos hasta 1996, cuando el investigador Robert Hoagland presentó una serie de fotografías altamente curiosas en una conferencia celebrada en el National Press Club de la ciudad de Washington, D.C.


Agrupados bajo el nombre Enterprise Mission, el ex-piloto de pruebas Ken Johnson de la NASA, los geólogos Ron Nicks y Brian Moore y el mismo Hoagland indicaron que muchas de la fotos lunares tomadas por la misión Apolo 12 indicaban peculiaridades que jamás habían sido tomadas en cuenta: estructuras casi sacadas de la fantasía con nombres como "el palacio de cristal" (fotografiado a una altura de 15 millas sobre la Luna cerca del cráter Hyginus) y "el Castillo" (una enorme estructura vítrea flotando sobre la superficie lunar a más de nueve millas de altura). Los comunicados de prensa emitidos por la Enterprise Mission por Internet y otros medios apuntaban: "Estas películas oficiales de la NASA, analizadas por un espacio de cuatro años con tecnología que no existía hace 30 años, cuando se tomaron las originales, representan prueba innegable de la existencia de estructuras artificiales de gran antigüedad en la Luna".

¿Llegaron primero los rusos?

Aunque la historia siempre dirá que Armstrong, Aldrin y Collins fueron los primeros humanos en llegar a la Luna, este hecho siempre estará matizado por la incómoda realidad de que la antigua U.R.S.S. había lanzado, en enero de 1959, lo que se piensa era un vehículo de tres etapas diseñados para llegar hasta la Luna: la sonda Luna 1 pasó a tres mil millas de nuestro satélite, y las demás sondas pertenecientes a dicha serie de lanzamientos progresivamente lograron orbitar y hacer aterrizajes suaves en la Luna mientras que los primeros intentos de EE.UU. por llegar al espacio seguían atascados en la plataforma de lanzamiento. No se puede negar, entonces, la posibilidad de que una misión tripulada secreta perteneciente a la U.R.S.S. haya alcanzado la Luna.

Existe un incidente que puede servir como inquietante corroboración a estas misiones rusas: mientras que el módulo de mando de la misión Apolo 17 sobrevolaba el cráter Orientalis, el piloto Al Worden afirmó haber visto un objeto de manufactura humana, de luces pulsantes, en el fondo del cráter. El control en Houston formuló la interrogante: "¿Acaso creen que se podrá tratar de Vostok?" Durante su siguiente órbita lunar, Worden pudo observar el aparato nuevamente.

El programa Vostok correspondía a los primeros lanzamientos tripulados de la Unión Soviética, y algunos de ellos siguen ocultos en el secreto más absoluto. En 1969, un sistema de clasificación de la NASA acerca de los supuestos vehículos de lanzamiento utilizados por la URSS identificaba seis categorías distintas desde la "A" a la "G"; esta última letra designaba al "gigante de Webb", un lanzador de dimensiones colosales identificado por el administrador de la NASA, James Webb, como el vehículo ruso utilizado para llevar tripulación e instrumentos hasta la Luna.

La odisea del sargento Wolfe

Una de las presentaciones de mayor impacto en el "Disclosure Project" auspiciado por el Dr. Steven Greer lo fue el testimonio grabado del sargento Karl Wolfe de la Fuerza Aérea de los EE.UU. (USAF). A mediados de la década de los '60, el sargento se desempeñaba como técnico fotográfico militar, y un buen día recibió órdenes de sus superiores para personarse en la base aérea Langley, donde se había recibido la información visual obtenida por la sonda Lunar Orbiter. Recogiendo sus instrumentos, Wolfe se desplazó hasta la base Langley, donde unos oficiales le llevaron a un hangar que contenía el laboratorio fotográfico de la base. El local estaba vacío salvo por otro militar de bajo rango encargado de procesar el material fotográfico –negativos de 35 milímetros que eran convertidos a su vez en mosaicos de dieciocho pulgadas. Cada tira de negativos correspondía a una pasada de la sonda sobre la superficie lunar.

Dio la casualidad que el aparato empleado para el procesamiento de imágenes no funcionaba, y ambos hombres se sentaron a esperar a que les trajesen otro. Repentinamente, el otro militar le dijo a Wolfe: "Por cierto, hemos descubierto una base en la cara oculta de la Luna".

Wolfe no ocultó su sorpresa, preguntando enseguida a quien le pertenecía, ya que faltarían varios años para el programa Apolo iniciase sus exploraciones. Seguro que los rusos –o hasta tal vez los misteriosos chinos– se habían adelantado a Estados Unidos. Pero el otro hombre repitió que efectivamente, había una base en la Luna.

"En ese momento –confiesa Wolfe en la grabación hecha para el Disclosure Project– sentí miedo. Si alguien hubiese llegado a entrar en el laboratorio, sabía que estaríamos en peligro por haber hablado sobre esta información".
Pero no apareció nadie, y para su mayor sorpresa, el técnico fotográfico de la base Langley le mostró uno de los fotomosaicos que presentaba una base artificial en nuestro satélite, con figuras geométricas, torres, construcciones esféricas de gran altura y estructuras parecidas a platos de radar, pero de proporciones colosales. "Algunas de ellas", apunta Wolfe, "tenían unas dimensiones que superaban la media milla".


Las misteriosas estructuras lunares parecían tener un revestimiento reflectivo, mientras que otras guardaban cierto parecido con las torres de refrigeración de las centrales nucleares. Tan reveladora era la información visual que Wolfe llegó al punto de no querer ver nada más, sabiendo bien que peligraba su vida. "Me hubiera encantado seguir mirando, y haber hecho copias", admite el sargento, "pero sabía que era un riesgo enorme, y que el joven que me había enseñado los fotomosaicos estaba excediendo su autoridad al mostrármelos".

La singular experiencia del sargento Wolfe recibió cierta corroboración por parte de Larry Warren, el controvertido testigo principal del célebre incidente OVNI en la base angloestadounidense de Bentwaters en el Reino Unido. Después de su experiencia, la cúpula militar llevó a Warren y otros soldados a un cuarto de proyección donde se les enseñó un rodaje extraordinario: tomas de la superficie lunar que permitían ver estructuras cuadradas de color arenoso, y en primer plano, el coche lunar Rover utilizado por los astronautas, que podían ser vistos apuntando hacia las estructuras.

¿De vuelta a la Luna?

Resulta curioso que la desapercibida sonda Clementine haya sido fruto de la tecnología bélica del escudo antimísiles conocido como "Star Wars" y no de los altamente exitosos programas de exploración planetaria de la NASA. ¿Significa esto que algunos de los sistemas ofensivos desarrollados bajo este programa del régimen de Reagan sean capaces de garantizar la defensa de nuestras propias sondas contra las "fuerzas hostiles" que ocupan la Luna? La ciencia ficción a menudo se adelanta a la realidad científica: la misión de Clementine incluía una visita a la Luna seguida por un vuelo en pasada a un asteroide para probar sus equipos. El borrador de la novela 2001: La odisea del espacio nos presentaba a la tripulación de la nave Discovery desplegando un espectroscopio láser como arma contra un pequeño asteroide. ¿Perseguirían un fin semejante las maniobras de la sonda Clementine?

El regreso de la NASA a la Luna en 1994 fue un evento razonablemente exitoso, ya que Clementine transmitió más de dos millones de fotografías sobre las regiones polares de la Luna, posiblemente descubriendo la existencia de hielo en uno de los cráteres del polo sur lunar, incluyendo fotografías de excelente calidad de algunos de los cráteres y relieves misteriosos. Sin embargo, el ambicioso plan de probar sus instrumentos contra el asteroide Geographos no llegó a realizarse: se perdió contacto con la sonda antes de que finalizar su misión, cayendo en una órbita solar inservible debido al fallo de uno de los generadores de empuje.

Al igual que en el caso de otras pérdidas sufridas por el programa espacial, como la del Mars Observer, hay quienes creen que el silencio prematuro de Clementine representa otro acto de interferencia por fuerzas desconocidas opuestas a nuestra exploración del espacio.


Las misteriosas estructuras lunares parecían tener un revestimiento reflectivo, mientras que otras guardaban cierto parecido con las torres de refrigeración de las centrales nucleares. Tan reveladora era la información visual que Wolfe llegó al punto de no querer ver nada más, sabiendo bien que peligraba su vida. "Me hubiera encantado seguir mirando, y haber hecho copias", admite el sargento, "pero sabía que era un riesgo enorme, y que el joven que me había enseñado los fotomosaicos estaba excediendo su autoridad al mostrármelos".

La singular experiencia del sargento Wolfe recibió cierta corroboración por parte de Larry Warren, el controvertido testigo principal del célebre incidente OVNI en la base angloestadounidense de Bentwaters en el Reino Unido. Después de su experiencia, la cúpula militar llevó a Warren y otros soldados a un cuarto de proyección donde se les enseñó un rodaje extraordinario: tomas de la superficie lunar que permitían ver estructuras cuadradas de color arenoso, y en primer plano, el coche lunar Rover utilizado por los astronautas, que podían ser vistos apuntando hacia las estructuras.


Carlos Alberto Iurchuk
Fuentes:  MysteryPlanet.com.ar
Fuente: Lo-Inexplicable.com.ar