El Index Librorum Prohibitorum

Desde 1564 a 1966 la Iglesia Católica mantuvo un listado de libros prohibidos y estableció unas normas para regular su censura. El Index Librorum Prohibitorum fue editado en más de cuarenta ocasiones a cargo de la Sacra Congregatio Indicis, la institución creada por la Iglesia para la revisión de las publicaciones escritas.

Tras el Concilio de Trento, el Papa Pío IV decidió instaurar este sistema que afianzaba la censura previa de toda publicación en el ámbito de la cristiandad que ya había puesto en marcha León X en 1515. Si bien en un principio esta medida iba relacionada directamente con el auge del protestantismo, pronto la lista fue engrosándose con aquellos que eran considerados obscenos o contrarios a las enseñanzas de la Biblia. En España sería la Inquisición Española la que prepararía el listado correspondiente.


La censura previa llevaba tanto a la prohibición completa como al expurgo, es decir, algunas obras podían ser publicada si se eliminaban o cambiaban algunos aspectos conflictivos. A lo largo de la historia de este Index Librorum Prohibitorum se silenciaron autores como Rabelais, Descartes, Hobbes, Diderot o Balzac, de los que se prohibió toda su obra.

Aunque este listado e instituciones puedan parecer del todo medievales o de tiempos más oscuros, lo cierto es que bien entrados el siglo XIX o el XX se siguió persiguiendo a varios autores, aunque el poder e influencia de la Iglesia ya no era el mismo que en el siglo XVI. Llama la atención encontrar en este listado a grandes de la literatura como Zola, André Gide o Jean-Paul Sartre, uno de los últimos en ser añadido al Index en 1959.

La Sagrada Congregación del Índice fue disuelta en 1917 por Pío X, pasando a asumir sus funciones la Congregación del Santo Oficio, hoy en día Congregación para la Doctrina de la Fe, nuevos nombres para denominar a la vieja Inquisición Romana. Este apartado de la Iglesia mantuvo viva la llama de la censura hasta 1966, momento en el que se decidió abandonar una tarea que, visto lo visto, se antojaba ya hercúlea por el número de publicaciones que se editaban al año. Hoy en día, el Index sigue siendo utilizado como una referencia moral por la Iglesia Católica, pero ya no contempla implicaciones de castigo religioso por su publicación o lectura.