La palabra Buda es un concepto y no un nombre. Significa "alguien que está despierto" en el sentido de haberse "despertado a la realidad". El concepto describe el logro de un hombre llamado Siddharta Gautama, quien vivió hace 2.500 años en el norte de la India. Cuando tenía 35 años, después de largos años de esfuerzo, logró la Iluminación a través de una profunda meditación. Su enseñanza se conoce en el Oriente como el Buddha-Dharma - "la Enseñanza del Iluminado"...
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viernes, 1 de diciembre de 2017
domingo, 1 de marzo de 2015
El Tibet, entre la historia y el mito
En el año 1624, el jesuita portugués Antonio de Andrade arribaba a lo que más tarde se conocería popularmente como el Tíbet. Estas tierras, descritas ya desde un primer momento por el propio monje como un lugar de inigualable hermosura, fueron poco a poco adquiriendo en el imaginario occidental un aire misterioso y legendario. El Tíbet se convertía a golpe de novela y libro de viajes en un lugar ancestral donde cualquiera podía hallar paz y seguridad.
Tan marcada fue esta tendencia que aún a principios del siglo XX encontramos en la literatura occidental referencias claras a esta concepción del Tíbet. Son numerosos ejemplos de esta propensión a considerar el techo del mundo como un lugar idealizado. Un lugar oculto en las montañas donde gracias al gobierno de sabios monjes budistas no se conoce el hambre, el sufrimiento, el odio o la confusión...
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| Traditional dancing at festival in Shigatse, Tibet by iancowe, via Flickr |
viernes, 5 de diciembre de 2014
Economía Budista: una aproximación espiritual a los asuntos económicos
Los fundamentos filosóficos que caracterizan la economía budista suponen una crítica frontal al modelo de economía moderna occidental. Ideas tan extendidas como “el crecimiento es bueno” o “más es mejor” son descartadas claramente por insostenibles.
La economía budista tiene en cuenta las necesidades humanas y sus limitaciones, proponiendo un control sobre el ansia de querer siempre más. La finalidad es alcanzar un verdadero desarrollo del ser humano en todas sus dimensiones, como ser individual cuya acción va mucho más allá del mero consumo, que actúa en comunidad y se hace responsable de su entorno.
El primer economista que propuso crear una economía basada en los fundamentos budistas fue Ernest F. Schumacher en el año 1956, que publicó sus ensayos en su obra “Lo pequeño es hermoso”. Schumacher fue a Birmania como miembro del consejo de carbón británico para aconsejar al país en la adopción de un crecimiento al estilo oriental. Tras pasar un tiempo sumergido en las costumbres del país, y entender sus máximas, se dio cuenta de que la economía occidental podría incorporar ideas del budismo para promover un crecimiento más sostenible y respetuoso con la naturaleza, que a la vez pudiese brindar al ser humano el completo desarrollo de sus facultades.
“Antes de que rechacen a la economía budista por considerarla un simple sueño nostálgico, quizás aceptarían considerar si es que el camino del desarrollo económico descrito por la economía moderna puede conducirles a los lugares donde ellos realmente desean estar” E. F. Schumacher
El interés individual, el sufrimiento y los deseos
La economía occidental se centra en el interés individual. En cambio la economía budista desafía este concepto con la idea de la inexistencia de un ego permanente. Esto quiere decir que todo lo que uno percibe con sus sentidos trasmite una falsa idea de un “yo” inherente y real. Esto deriva inevitablemente en que se desarrolle una idea de “lo mío”, siendo esta la base del comportamiento egoísta.
El egoísmo no se considera producto de la maldad sino que es un error consecuencia del desconocimiento de la esencia real de las cosas. Es por esto que el ser humano tiene que desapegarse de este sentimiento. La economía basada en el interés personal y con un enfoque oportunista y materialista está condenada al fracaso. En contrapunto proponen promover la generosidad, ya que el ser humano es un actor cooperador motivado por mejorar su entorno. Los individuos y colectividades que cooperan sobreviven, prosperan y funcionan.
El segundo factor que diferencia ambos conceptos es la búsqueda de maximización de beneficios, mientras que la budista enfatiza la importancia de minimizar el sufrimiento. La manera de minimizar el sufrimiento es promoviendo la simplificación de los deseos, de manera que se calme el ansia consumista y materialista y la frustración que conlleva el querer siempre más y lo mejor. Una vez las necesidades básicas del hombre están cubiertas (comida, ropa, refugio, medicinas) el resto de necesidades materiales debe ser minimizado.
El mercado y el desarrollo económico
La visión del mercado y el crecimiento también dista en ambas visiones. Los enfoques occidentales tienen como objetivo maximizar los mercados hasta el punto de saturación mientras la economía budista tiene como objetivo minimizar el daño. Tienen en cuenta actores primordiales como las futuras generaciones, el medio ambiente y los pobres, que no están correctamente representados porque no gozan del mismo poder que los actores más poderosos y ricos. Es por ello que el mercado no es imparcial y no es representativo de la economía. El concepto de Ahimsa (no cometer acciones que puedan ocasionar daño a uno mismo o a los demás) urge a encontrar soluciones de una manera colectiva y participativa.
Desde el punto de vista budista, no hay nada negativo en el progreso económico, a no ser que ese progreso económico promueva el apego a los bienes materiales y la avaricia. El crecimiento económico que conlleva una reducción de sufrimiento es bienvenido, ya que alivia los efectos negativos de la pobreza. Lo que importa en este caso es la manera en que se genera la riqueza, si ésta se genera a través de un trabajo digno y respetuoso donde se fomenta la confianza, permite a los individuos tener una seguridad económica y poder estar libres de deudas, cuidar de sí mismos y de su comunidad. Esto lleva a desincentivar la maximización de beneficios como fin en sí mismo e impulsar la importancia de la producción a pequeña escala, local, adaptable y sostenible.
Economía enfocada en promover el bienestar
Una economía budista considera que el consumo es un medio para el bienestar humano. El objetivo se trata de maximizar el bienestar con un consumo mínimo.
El trabajo debe ser debidamente apreciado y darse con unas condiciones dignas, de manera que impulse al hombre a producir, dar lo mejor de sí mismo y desarrollar su personalidad. La liberación que supone para el hombre dejar de estar enfocado exclusivamente a maximizar sus ingresos y destinar su tiempo a largas jornadas laborales, le permite tener más dedicación a actividades que repercutan en el bienestar de la comunidad. La persona que se puede ganar la vida con un trabajo digno, puede invertir su tiempo también a fortalecer los lazos que lo unen con el resto de individuos de su comunidad. Está demostrado que la inversión en las relaciones interpersonales tiene un impacto positivo en el bienestar.
El concepto de Producto Nacional Bruto (PIB), incompleto para medir el bienestar, es sustituido por la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Este indicador mide el bienestar y la felicidad a través de varios factores como el bienestar económico, el ambiental, la salud física y mental y el bienestar laboral, social y político.
“Porque la cuestión no es la elección entre «crecimiento moderno» y «estancamiento tradicional». La cuestión más bien radica en encontrar el camino correcto de desarrollo, el Camino Medio entre la negligencia materialista y la inmovilidad tradicionalista. En pocas palabras, encontrar «Los Medios Correctos de Subsistencia»” E. F. Schumacher
Teniendo en cuenta la época en que las ideas de Schumacher fueron planteadas, se puede considerar que transmiten propuestas que en su mayoría son totalmente vigentes hoy en día como la importancia de las energías renovables, pensar más allá del PIB, promover el comercio local y una producción eficiente. En una economía budista se busca pues el consumo óptimo, no el máximo.
La manera en que experimentamos e interpretamos el mundo depende mucho del tipo de ideas que tenemos. Si las ideas son principalmente débiles, superficiales e incoherentes, la vida parecerá también insípida, aburrida, insignificante y caótica. La economía budista defiende la idea de una economía que permita al hombre desarrollar sus facultades y liberarlo del deseo de querer siempre más. Para el desarrollo de estas facultades se requiere una revalorización de lo que verdaderamente satisface al hombre y una limitación de los deseos sin sentido, donde la óptima asignación del trabajo permita estar en un equilibrio y gozar de un nivel de bienestar con lo que se tiene.
viernes, 7 de noviembre de 2014
La Meditación en las diferentes religiones
En este artículo vamos a ver ejemplos de seres que han utilizado la meditación en diferentes doctrinas y zonas del mundo para darnos cuenta que el objetivo es el mismo, llegar al entendimiento y a la iluminación.
“Buda antes de la iluminación era un común mortal y nosotros, los mortales comunes, seremos Budas cuando nuestros ojos mentales se abran a la iluminación”, son palabras de Patanjali.
La meditación la define Patanjali (uno de los maestros de Yoga más importantes de todos los tiempos) como “el mantenimiento prolongado de la conciencia perceptora en cierta región.”
Muchos hemos escuchado nombrar a personajes como Buda, Cristo, Aristóteles, Platón, Pitágoras, Confucio, etc. los que han llegado al “gran conocimiento”. Esto lo han logrado por haber coordinado correctamente el cerebro, la mente y el alma.
Según doctrinas esotéricas y ocultistas en la actual etapa de desarrollo de la humanidad son las emociones las que más rigen nuestras vidas, “sentimos más que pensamos”; en este aspecto, el hombre está penetrando más, para dar paso al mayor desarrollo del tercer factor: la Mente (el primer factor es el cuerpo físico, el segundo las emociones). Y aunque diversas escuelas de pensamiento tienen opiniones diferentes, todas coinciden en que existe algo llamado “Mente”...
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