La armonía del ecosistema

Asistimos a una de las transformaciones más extraordinarias y terribles en la historia del planeta y sin embargo, a pesar de estar frente a nuestros ojos nos resulta bastante difícil de verla en toda su magnitud. Estamos alcanzando una nueva era geológica denominada “Antropoceno” producto del sistema urbano-agro-industrial mundial.  Fernández Duran describe con gran detalle en uno de sus textos (1) este proceso sin precedente conocido, en que la especie humana ha conseguido alterar el sistema ecológico y geomorfológico local, no solo en términos de clima o biodiversidad sino toda la apariencia del paisaje a una escala inmensa,  todo esto ha sido posible gracias a la disponibilidad de combustibles fósiles, como petróleo y carbón, que han permitido mover un proceso gigantesco de acumulación de capital que ha sufrido una merma desde los años setenta.

Somos el medio para que el cosmos se conozca a sí mismo, de no mantenerse el equilibrio en nuestra atmósfera, no habría futuro para la tierra


La especie humana, o mejor dicho la clase dominante dentro del sistema capitalista, valiéndose de la producción ideológica de consenso o la coerción, se las ha arreglado para mantener un sistema que ha consumido solo en el siglo xx más energía y recursos que en toda la historia de la humanidad. Una sola especie ha logrado desestabilizar de tal manera el equilibrio ecosistémico que sectores claves para el mantenimiento de la vida están gravemente amenazados, gracias a las industrias energéticas, pesqueras, forestales y agrícolas entre otras...


La ideología capitalista basada en el crecimiento infinito se está estrellando fuertemente frente a la evidente realidad de que la biosfera tiene límites finitos, en que estos “inputs biofísicos” constituidos por materiales y energía de todo tipo, que al ser extraídos generan fuertes externalidades negativas, previo a ser procesados en forma de capital productivo por las tecnologías dispuestas para ello, junto con el trabajo asalariado y formas de esclavitud que aún subsisten en muchas partes del mundo. El resultado final son las estructuras materiales de ciudades e industrias y las mercancías que se ponen en circulación para consumo, todo este segundo proceso vuelve a tener fuertes externalidades negativas que se suman al primer proceso extractivo, esto es lo que se define como “outputs biofísicos”, lo que sumado a los combustibles fósiles ha permitido la explosiva expansión de todo el metabolismo urbano-agro-industrial del capitalismo, gracias a la enorme capacidad motorizada de desplazamiento “horizontal”, los cuales generalmente en la naturaleza son sucesos esporádicos de grandes migraciones. La naturaleza funciona la mayoría del tiempo con desplazamientos “verticales” en que hay transferencia entre el reino vegetal, atmósfera y suelo.

Frente a estos procesos nos encontramos con una grave ruptura, ya que en la naturaleza no hay “desechos” todo es utilizable por otros miembros del ecosistema, este hecho nos debería llevar a orientar todos los esfuerzos científicos, más que a la expansión de este mismo metabolismo urbano-agro-industrial a formas y ritmos de producción armónicas, con los ciclos particulares del planeta. El capitalismo funciona como un recién llegado a una fiesta que lo precede en millones de años, en que este visitante entra cambia la música y lanza escupos al resto de los participantes mientras se sienta sobre ellos, todo esto debido a que la economía capitalista jamás contemplo la finitud de los recursos o que lo producido no pudiera ser “reutilizado” por el ecosistema convirtiéndose en imperecedera basura, situación no muy diferente a la que sucede con los “socialismos” latinoamericanos y sus políticas extractivistas.

El sistema mundo capitalista hasta ahora contiene estos impactos en su centro económico-cultural, mientras la catástrofe recrudece en espacios periféricos y semiperifericos. El mundo entero y todos los territorios urbanos se fragmentan en clases, en que unas regiones acumulan capital, atraen más población y sobre consumen energía como es el caso de China, Alemania o Estados Unidos, mientras otras regiones alimentan a estos gigantescos monstruos con cada vez impactos mas fuertes, como puede ser desde el Congo, Venezuela hasta Chile, por nombrar algunos, en que se deterioran los ecosistemas, ya sea por la extracción de minerales, petróleo e industrias forestales y pesqueras, entre otras afectando directamente a la población, al punto en que hasta los recursos hídricos se ven gravemente comprometidos en el mundo entero. La mayoría de los conflictos socioambientales actualmente en Chile son fruto de esta organización del mundo, que a su vez se replica dentro de cada estado.

De esta forma el alto consumo de minerales, energía, agua, la destrucción de bosques, de la fauna marina, etc. que provoca todo el metabolismo urbano-agro-industrial del capitalismo, basado en el supuestamente tan deseable “crecimiento económico”, nos termino por empujar a una situación límite, en que el solo hecho de pensar en un sistema capitalista “sustentable o verde” raya en la más absoluta irracionalidad, en que debates como energías “limpias” vs contaminantes o industrias que administran “responsablemente” sus emanaciones y que “dan empleo” se convierten en superficiales, ya que la única salida responsable es una transición que nos lleve a desmantelar y sustituir por completo este complejo urbano-agro-industrial del capitalismo, por una organización racional, en que desde las formas y ritmos de extracción de recursos, así como su posterior procesamiento y su output final, sean concordantes con los ciclos del ecosistema y no con los pseudociclos de la economía capitalista.

Para la bióloga Lynn Margulis el planeta tiene un cuerpo mantenido por procesos fisiológicos complejos (2), lo que pone de manifiesto que la pérdida de biodiversidad no es solo nostalgia o hippismo, sino que cada vez que se pierde biodiversidad, por ejemplo cuando un bosque es sustituido por grandes formas de monocultivo, es equivalente a que a alguien le amputaran un riñón o un ojo y decir todo está muy bien y es en nombre del progreso. El planeta se comporta como este cuerpo “vivo”, no en un sentido antropomórfico como una “diosa” o un “espíritu”, sino como un sistema autoorganizado que requiere mantener una homeostasis para lo que crea las condiciones necesarias, la cuales si son rotas no arrasaran con la totalidad vida del planeta, ya que esta ha subsistido en peores condiciones ambientales en forma de microorganismos que son capaces de poner en marcha la evolución. Los que sucumbiremos llevándonos grandes cantidades de otras formas de vida seremos nosotros, cuando una especie crece en forma desmedida simplemente colapsa en un punto, tal como las células cancerosas terminan matando a un ser humano.

Francisco Varela decía que una célula cancerígena era una célula “psicótica”, en el sentido de que era incapaz de “comunicarse” en forma adecuada con el resto del organismo, nuestra especie mediante el metabolismo urbano-agrícola-industrial del capitalismo se comporta en esa misma forma al ser incapaz de “dialogar” con los ritmos del ecosistema, ni siquiera los percibe, ya que como menciona Fernández Duran esta época de las tecnologías de la imagen y la información nos producen la ilusión de que cada vez penetramos en un mundo aparentemente inmaterial, pero cuyo sustento es material, consumiendo una gran cantidad de energía y recursos para poder sostenerse. El colapso esta frente a nuestros ojos a diario solo basta observar las podredumbres que son las ciudades en las que vivimos, las zonas a nuestro alrededor destruidas por una forma de economía que no conoce de racionalidad ni de límites, en que se chantajea emocionalmente con empleos miserables omitiendo que si la gente “mendiga” empleos es porque se le ha arrebatado la posibilidad de vivir de su propio trabajo, desde el momento en que el capitalismo acapara en una minoría la propiedad de los bienes y recursos existentes.

El sistema capitalista basado en el progreso continuo y la acumulación infinita se sostiene además en otros dualismos como mente-cuerpo , razón-emoción, naturaleza-cultura frutos de la ilusión del “yo”, que comienza a generarse desde el neolítico, como hemos visto en otras entradas , lo que no solo nos demanda orientar todos los esfuerzos científicos para desplegar una forma de vida racional, sino el de toda una forma de conocimiento experiencial que nos permita ver y comprender los ciclos del ecosistema fuera de nuestros condicionamientos sociales, con el fin de lograr un acoplamiento estructural con el ecosistema.

Varela definía la evolución como esa deriva natural de cooperación entre las especies de un ecosistema, por ejemplo la interdependencia entre una abeja y una flor, como el eje primordial de la evolución, frente a la competencia que la definía como un fenómeno de “borde”. Una parte importante de la propuesta de investigación científica de la consciencia, usando metodologías en primera persona, llamada neurofenomenologia (3) que propuso Varela, es la empatía la que tal vez no solo esta circunscrita a nivel  intra-especie y que en virtud de nuestra supervivencia tenga que ser extendida a la totalidad de la biosfera, para comprender en profundidad el lenguaje del ecosistema en que estamos insertos, y en ese punto será algo evidente la incompatibilidad del sistema inter-estado organizado económicamente a través del capitalismo con la vida, evidentemente, comportamientos individuales son importantes para armonizar con la biosfera, sin embargo carecen de la relevancia necesaria, si no se pone en cuestión la forma misma en que se despliega este complejo urbano-agro-industrial y las relaciones de poder que lo sostienen.

Hace algunos siglos el matemático y astrónomo Johanes Kepler en su obra “La Armonía del mundo” mediante complejos cálculos y observaciones, definió las leyes sobre los movimientos de las orbitas de los planetas alrededor del sol, inspirándose en los sólidos platónicos, si bien las leyes de Kepler aun están vigentes, claramente los planetas no siguen la armonía de los sólidos platónicos, pero en esa necesidad de comprender toda la complejidad de las armonías y delicados equilibrios de la realidad, tal vez este es el primer paso para entender y armonizar con los ciclos del ecosistema, al mismo tiempo que desplegamos nuestra vida como especie.

(1) El antropoceno: La crisis ecologica se hace mundial  http://www.rebelion.org/docs/104656.pdf 
(2) Libro "Planeta Simbiotico" de Lynn Margulis http://www.nakido.com/A80540ABB614B9C4D487238ECA568AAF4A82DD75?uid=sethariel 
(3) Libro "El fenomeno de la vida" de Francisco Varela  http://www.nakido.com/3274DE9CB38F51052B72D162516416900C8FFFA6?uid=sethariel

Fuente: http://elvirusdelasubversion.blogspot.com.es/2013/10/la-armonia-del-ecosistema.html
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