Tunguska, un siglo de misterio

Cien años han pasado de la explosión de origen desconocido que arrasó una zona de 50 kilómetros de diámetro en Tunguska, una remota zona de Siberia, explosión que se conoce con el nombre de evento de Tunguska. Esta explosión fue tan potente que fue detectada por sismógrafos en toda Asia y Europa e incluso llegaron a medirse en Londres las variaciones de presión atmosférica que causó.

El polvo arrojado a la atmósfera por este evento hizo que durante varios días las noches fueran tan brillantes en parte de Rusia y Europa que se podía leer sin luz artificial. No fue hasta 1921 cuando se realizó la primera expedición a la zona para investigar el fenómeno in situ y ni esta ni ninguna de las expediciones posteriores fueron capaces de encontrar un cráter, por lo que la teoría más aceptada en la actualidad es que un cometa pequeño o a lo mejor solo un fragmento de uno penetró aquel día en la atmósfera terrestre y explotó en el aire con una potencia equivalente a la de 12 megatones a 8 km de altura.

La destrucción en la superficie habría sido causada por la ondas de choque y térmica subsiguientes a la explosión del cometa o fragmento.


El evento de Tunguska no ha sido único en la historia y se conocen al menos otros dos similares, el evento del Mediterráneo Oriental del 6 de junio de 2002 y el evento de Vitim del 22 de septiembre de 2002, evento este último en el que a posteriori se detectaron importantes cantidades de radiación residual.

Por supuesto, hay teorías bastante más peregrinas sobre el origen de este evento como las que recoge Luis Alfonso Gámez en El misterio de Tunguska, donde recoge también la afirmación de Agustín Sánchez Lavega, director del grupo de Ciencias Planetarias de la Universidad del País Vasco, quien dice que San Petersburgo escapó de la destrucción hace cien años por cuatro horas y 3.790 kilómetros.

La más llamativa corresponde al ingeniero ruso Yuri Labvin, quien asegura haber encontrado los restos de lo que habría sido un OVNI basado en siliciuro, una aleación de minerales inexistente en nuestro planeta. Según este ufólogo, una nave extraterrestre habría intentado evitar un desastre catastrófico para la Tierra, arrojándose hacia el meteorito antes de que este impactara sobre nuestro planeta. Otras teorías hablan sobre explosiones nucleares, incluso antes de que fuera posible crearlas.

Mientras tanto, las investigaciones científicas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, propusieron explicaciones más concretas, desde la posibilidad de un choque entre materia y antimateria, hasta la creación de un pequeño agujero negro. Sin embargo, el impacto de un meteorito sigue siendo la hipótesis con mayor aceptación.

Hoy en día, la Universidad de Bologna, en Italia, avanza sobre la idea de que el lago Cheko, a unos 8 km del epicentro de la explosión, podría ser, en realidad, el cráter formado por el objeto que cayó del cielo hace 100 años.